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Rubem Fonseca. Sangre, heces y saliva.

17 agosto 2010
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“En el octavo piso.
La muerte se consumó en una descarga de gozo y alivio, expeliendo residuos           excrementicios y glandulares —esperma, saliva, orina, heces—. Asqueado se apartó del cuerpo sin vida sobre la cama, al sentir su propio cuerpo contaminado por las inmundicias expulsadas de la carne agónica del otro”.

Así comienza el segundo apartado de la parte I de la novela, que para muchos es la obra maestra de Rubem Fonseca, el escritor brasilero, autor también de portentosos cuentos. No voy a dar una biografía porque para eso está wikipedia. La novela es “Agosto”, hace parte de una colección llamada “La otra orilla”, publicada en Grupo Editorial Norma y que también, tiene otros títulos del mismo autor.

Recientemente, circunstancias educativas me empujan a pensar un texto de 80 páginas aproximadamente, escrito por mí, en el que pueda decir algo importante para aplicar a mi título de pre-grado postergado por avatares laborales. La cavilación es hostigante.

Los temas han sido variados. Quisiera mezclar filosofía y literatura. Un amigo, versado en libros, sugirió que la relectura me daría temas y tratarlos desde la filosofía, sólo era aplicación y listo. Le nombré varios, pero el que más quedó y venía quedando, de días atrás, era el brasileño. Así, que pensando en eso, explorando un poco las posibilidades alrededor del autor, se me ocurrió hacer algo del escritor que se considera un cuentista a la altura de Carver.

Cuando se vive en latinoamerica, más en un país como el mío, la realidad social se vincula con violencia. Violencia en todas las esferas. Desde lo político, la corrupción, los asesinatos en las avenidas, la pobreza, la segregación, la intolerancia, el desplazamiento, esposos que violentan a sus mujeres,  mujeres a sus hijos, hijos a compañeros. Toda institución (educativa, política) ha olvidado su fin y se sitúa en el lado oscuro, donde prima el egoísmo y el medio inicuo para la consecución de fines muchas veces disfrazados de altruistas.

Los que han tenido la oportunidad de hojear cualquier historia del brasilero, saben que desde las primeras frases se entrevé la miseria de lo social. Miseria, no entendida desde la carencia de ser pobre y ambular con los bolsillos vacío de oro, sino desde la desgracia, el infortunio, la avaricia y la mezquindad, todos ellos germen de la Violencia con mayúscula.

En la literatura de Fonseca, la realidad se compone de lo mismo. Los crímenes, la crueldades e ironías vistas desde lo cotidiano, son parte indispensable de sus historias. Así, la corrupción, la arbitrariedad, el asesinato sin motivo, se hacen formas subjetivas de lidiar con la otra violencia, la del abandono social y humano, como forma de aligerar cargas bajo una forma de catarsis íntima.

Doble tapa. Los personajes cínicos, trapecistas de la ley, políticos corruptos, narcotraficantes, asesinos a sueldo o intermediarios del poder, son en apariencia seres sanos, cotidianos, de los que nos cruzaríamos en cualquier andén, lo que genera en el lector una simpatía hacia ellos. El mundo de las decisiones importantes, colinda con el de las prostitutas y delincuentes ocasionales. La doble forma que adquieren las sociedades modernas: la de la violencia y la indiferencia moral. La materia de la que está hecha nuestra negación.

Cada pueblo, sin importar el país, sabe que los engranajes han venido mezclándose hasta hacer de la maquinaría-establishment, que mueve la sociedad, algo defectuoso y polarizado. Lo político con lo militar. Los capos, la droga, los guerrilleros, los ministros, todos comiendo de la misma poteca, mientras fuera de la cerca y el barro, se muere de hambre o desesperanza.

Y si los engranajes están minados, roídos, no hay víctima ni verdugo. La narración Fonsequiana, adquiera la forma de la novela negra o thriller, tan de moda en estos tiempos, no sólo en literatura, sino en televisión. Un asesinato-caos, es investigado por un policía,detective-órden, quien buscar reestablecer la norma. Hasta aquí, cualquier parecido con Holmes no es coincidencia y si la cosa se limitara a un esquema simple, acabado desde mediados del siglo pasado, Fonseca, quizás pasaría desapercibido. Pero, el giro, el golpe al mentón está en la imposibilidad de restablecimiento. Por más que el culpable aparezca nada retorna al sitio de lo ideal, porque el orden está igual o más corrompido que el agente del caos inicial. El culpable, es una diminuta pieza parte de la maquinaria inmensa, imposible de destruir.

Sí, ya sé, tampoco es algo novedoso ni sin precedente en la literatura, pero ¿quién está hablando de novedad? Los detractores de Fonseca dirán, que eso existe desde la literatura de posguerra o la que sigue a la revolución industrial, que fue la precursora de la desigualdad y la corrupción. Sin embrago, aunque mutado o trastocado, la permanencia de un héroe es indiscutible en la mayor parte de autores de esos tiempo hasta acá. En Rubem, el villano cambia la máscara con el héroe, las figuras se entremezclan tanto, que al final la sensación resultante, es la evidente imposibilidad de la dialéctica héroe-verdugo, lo único que queda es una angustiosa ambigüedad y una discapacidad moral generalizada.Caricatura

Los personajes entienden la muerte violenta como parte irrebatible de su existencia, violenta también. Los elementos del cuerpo: la sangre, el semen, la saliva, las heces están revalorizando lo otro, eso que no tiene cabida en la literatura de lo “noble” del ser, y en algunos relatos son piezas claves para entender el juego del destino.

“¿Por qué Dios, el creador de todo lo que existe en el Universo, al dar existencia al ser humano, al sacarlo de la Nada, lo destinó a defecar? ¿Habría revelado Dios, al atribuirnos esa irrevocable función de transformar en heces todo lo que comemos, su incapacidad para crear un ser perfecto? ¿O sería esa su voluntad, hacernos así toscos? ¿Ergo, la mierda?”

Para la mayoría de lectores, Fonseca es bello, por los golpes al mentón y las escenas descarnadas. De ahí, que lo relacionen con Carver, a veces de forma gratuita. Los fluidos, las construcciones de personajes basadas en la crueldad y la poca empatía, un niño asesinado por caprichos del despecho (“Ciudad de dios”), el homosexualismo violento en un boxeador y militar que asesina a un magnate de la vida política (“Agosto”), son los elementos que más se recuerdan de las historias de fonseca.

Entre líneas, en el medio de la sangre y la suciedad, se levanta un territorio de huecos, pozos, puntos y líneas, que configuran un “lugar” social de violencia, que avala el concepto moderno del ciudadano (con todos sus derechos y deberes) al punto de empujar fuera “el compromiso social”. Hay vértigo en Fonseca, porque lo universal de la literatura, adquiere en él matices de silla rota, coxis fracturado, sangre y mierda.

2 comentarios leave one →
  1. 22 agosto 2010 8:40 PM

    Recordado Bruno: Gracias por la lectura. Hombre no sé qué decirte sobre el comentario, no es mi interés conocer escritores cuyos nombres sean totalmente desconocidos para la gente como tu, prefiero seguir siendo un poeta wikipedia, y con respecto a las repeticiones tienes toda la razón…

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