SUICIDIOS EJEMPLARES

Voy a intentar hacer un comentario a todo libro que vaya leyendo. Será algo corto, sin pretensiones teóricas ni de ningún tipo. Solo un comentario, para que ustedes, si quieren y les anima, le echen también una leída al libro y me compartan sus impresiones en los comentarios. Hoy, para empezar: Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

vilaHe tenido una relación amor-odio con Vila-Matas. Muchos de sus libros me exasperan por lentos y por estar llenos de alusiones a otros autores (en algunas oportunidades con párrafos enteros, textuales y carentes de cita). Sin embargo, este libro es una gran compilación de cuentos. Aún me cuesta ver al español como cuentista, más cuando cada una de las historias que aparece en Suicidios ejemplares son solo eso: una historia, un cuento en el sentido más esencial de la palabra. Hay en el primer relato, Muerte por Saudade, una referencia a un poeta portugués al que dedica gran parte de su libro Extrañas notas de laboratorio; alusión que, no obstante, no adopta ese mismo tono distante y parafraseador que tanto me incomoda en sus novelas.

Un gran libro. Un libro para gente que le gusta escribir, como (desde mi perspectiva) es casi todo lo que escribe Vila-Matas. La diferencia con sus novelas: en este libro hay cierta libertad representada en historias sólidas que no se difuminan para dar prelación a esa espiral de envanecimiento a la que parecen condenados todos los personajes de sus novelas. Espiral que no está ni siquiera en un cuento que, por el título, su presencia parecería obligatoria: El arte de desaparecer.

«(…) De pronto, una noche, muertos ya todos, Anatol comprendió que estaba solo, completamente solo en el mundo, y notó esa sensación de extravío que se siente cuando, en el camino, nos volvemos atrás y vemos el trecho recorrido, la vía indiferente que se pierde en el horizonte que ya no es nuestro. (…) que era cierto eso de que cada hombre lleva escrita en la propia sangre la fidelidad de una voz y no hace más que obedecerla.»

De El arte de desaparecer.

Enrique Vila-Matas, Suicidos ejemplares. Editorial Anagrama. 2000

Vila-Matas explica a Vila-Matas.

Ya antes había dicho lo del amigo que recomendó la lectura de Vila-Matas. También, del libro de regalo y de la impresión de leer al español. Como la experiencia fue grata y el $tiempo$ no ha dejado que lea más al escritor, buscando por Internet encontré unas cuántas cosas que fueron interesantes y eso es lo que vengo a compartir aquí.

Una novela de Philip Roth describe los inconvenientes de la fama y lo difícil que es ser un escritor de renombre. Causa curiosidad que viendo la página de facebook ENRIQUE VILA-MATAS Leyendo a Vila-Matas, se vean toda case de comentarios a la obra y al escritor, muchos pidiéndole que lea la novela que ellos escribieron, otros contándole que lo han buscado por toda Barcelona para saludarlo y pasarle algunos escritos para que les dé su opinión. Pero como no vamos a hablar de los problemas de la fama, vuelvo a lo que me trae a escribir ahora.

En ese grupo de Facebook, Vila-Matas dijo que iba a escoger unas citas, puestas en el MURO por miembros del grupo,  y que las explicaría. Escogería algunas y diría de dónde vienen y cuál era el sentido y etc. Interesante ejercicio, que mantendrá al escritor cercano a sus lectores. Bueno, les voy a copiar las citas que ha escogido y las explicaciones que ha dado. Son citas de Enrique Vila-Matas explicadas por Enrique Vila-Matas. Aquí vamos.

1. CITA:  “¿Cómo conseguir ser tan infinitamente pequeño que uno desapareciera del todo?” de Doctor Pasavento en la página de Vila-Matas

EXPLICACIÓN:

“Esta frase no habría sido posible sin un apunte de Kafka: “Dos posibilidades: hacerse infinitamente pequeño o serlo. Lo segundo es perfección, o sea, inactividad; lo primero inicio, o sea, acción”. Son unas palabras que encabezan mi libro de relatos Nunca voy al cine (1982). Son de una humildad clarividente. Suponiendo que olvidemos el estado de inmovilidad del muerto y vivamos, hemos de saber que a lo máximo a lo que podemos llegar es a ser infinitamente pequeños. Eso ya sería ser mucho. Puede que el doctor Pasavento aspirara a ser infinitamente pequeño, quizás para después poder desaparecer mejor. En los tiempos actuales, por otra parte, lo infinitamente pequeño se está revelando más interesante que lo grande, o lo importante. Eso sucede, al menos, en el terreno científico. Ya decía Lichtenberg que la tendencia del hombre a fijarse en las minucias ha llevado a grandes cosas”.

2. CITA: “Es el pintor de lo que pasa cuando parece que no pasa nada” de  Dublinesca

Pintura de Hammershøi

EXPLICACIÓN:

“El pintor es Hammershøi, que convierte sus interiores de mansiones en lugares de inquietud hipnótica. Podría estar a punto de suceder algo, pero en ese momento, como en la plaza que Georges Perec examina en Tentativa de agotar un lugar parisino, “no pasa nada”. Nosotros, ¿qué preferimos? ¿Qué todo siga así y no ocurra nada? O por el contrario, queremos que suceda algo. Hemos de saber que si pasa algo, habrá de afectarnos a nosotros. ¿Qué elegimos? Yo elijo que pase la pregunta de largo”.

3. CITA: “Licores fuertes/como metal fundido”, que decía Rimbaud, seguramente su escritor preferido”. de Dublinesca.

EXPLICACIÓN:

“Son versos del Rimbaud de Mala sangre (que ha musicado Patti Smith). Para mí, lo más memorable de esta pieza visionaria está en esta zona: “Heme aquí en la playa armoricana. Ya pueden iluminarse de noche las ciudades. Mi jornada ha concluido; dejo Europa. El aire marino quemará mis pulmones; me tostarán los climas remotos. Nadar, aplastar la hierba, cazar, fumar sobre todo; beber licores fuertes como metal fundido –como hacían esos caros antepasados

en torno de las hogueras”.

4. CITA: “Tomé un día en secreto la decisión de no prepararme para entrar en el mundo, sino para salir de él sin ser notado” de Doctor Pasavento.

EXPLICACIÓN:

“La frase contiene en estado puro el espíritu prudente de Jakob von Gunten, el aprendiz de mayordomo de la novela de Robert Walser. Mientras se prepara en el Instituto Benjamenta para ser el día de mañana un perfecto cero a la izquierda, Jakob va proyectando –gran amante de las “despedidas a la francesa”- su mutis por el foro, su discreta salida de todo escenario. Nada tranquiliza tanto como irse”.

5. CITA: “Era una mujer muy fea y eso precisamente me excitaba muchísimo” de París no se acaba nunca.

EXPLICACIÓN:

“Tenemos del amor una visión muy incompleta y quizás por eso lo mitificamos tanto, olvidándonos de su ángulo ‘feo’, que es el que le da en realidad pleno sentido”.

6. CITA: “Sólo hay poesía en los abandonos.” de El mal de Montano

EXPLICACIÓN:

“Sin duda, un juego de palabras privado acerca de uno de mis poemas preferidos, Poetry of Departures (Poesía de los Abandonos), de Philip Larkin: ‘Oyes alguna vez, de quinta mano, / a modo de epitafio: / Mandó todo al diablo / y se largó sin más…’”

EL POEMA:

‘Oyes alguna vez, de quinta mano, /a modo de epitafio: / mandó todo al diablo / y se largó sin más, / y siempre sonará la voz segura / de que aprobamos este / audaz, purificante, / elemental impulso. // Todos aborrecemos el hogar, / tener que estar en él: / yo detesto mi cuarto, / sus trastos especialmente elegidos, / la bondad de los libros y la cama / y mi vida perfectamente en orden. / De modo que escuchar dejó a todos plantados / me ruboriza y me provoca…’

7. CITA: “Nada nos dice dónde nos encontramos y cada momento es un lugar donde nunca hemos estado” de Dublinesca.

EXPLICACIÓN:

La felicidad extraña de ser conscientes de que estamos perdidos. Y la fascinación de poder entrar a cada momento en algo nuevo.

8. CITA: ”[Benjamin, Walser] Son personajes que no han renunciado a su componente infantil, seguramente porque nunca fueron niños.” Dr. Pasavento

EXPLICACIÓN:

“Aunque a veces la enterramos, la infancia es la era de nuestra genialidad. Las primeras imágenes o recuerdos primeros de nuestras vidas constituyen en realidad un secreto capital férreo del espíritu. Bruno Schulz decía que esas imágenes le señalan al artista los límites de su capacidad creativa; todo el resto de su vida consiste en explorarlas, interpretarlas e intentar dominarlas”.

9. CITA : “Es muy grande Nueva York, pero quizá sí, quizá sea verdad que tienen razón los días laborables”, Dublinesca

EXPLICACIÓN:

Vila-Matas del Facebook

El “tienen razón los días la borales” es un guiño a Lunes, poema de Jaime Gil de Biedma. En esta fase del libro creo recordar que Riba opta por contentarse con Dublín y renunciar a Nueva York, que es donde más le gustaría vivir. El resultado es divertido porque el Dublín de Riba -como el Dublín del Ulises de Joyce- se convierte en un día laborable. Quizás haya ciudades festivas, pero

Dublín tiene el encanto de los lunes.

EL POEMA:

Pero después de todo, no sabemos
si las cosas no son mejor así,
escasas a propósito… Quizá,
quizá tienen razón los días laborables.

Tú y yo en este lugar, en esta zona
de luz apenas, entre la oficina
y la noche que viene, no sabemos.
O quizá, simplemente, estamos fatigados.

Lunes. Gil de Biedma
10. CITA: “La vida es demasiado breve como para vivir el número suficiente de experiencias, es necesario robarlas” de Desde la ciudad nerviosa
EXPLICACIÓN:
“La frase, como se dice en el libro, es de Antonio Tabucchi. La incluí en el texto “Las que viajan leyendo”, una investigación sobre las mujeres que leen en los transportes públicos. Es imposible no conectar esa frase con mi cuento “La modestia”, de “Exploradores del abismo”, relato escrito muchos años después y que tal vez cerró mi saga de historias relacionadas con mi espionaje de lo que se oye en los transportes públicos”.
11. CITA: “Tomé un día en secreto la decisión de no prepararme para entrar en el mundo, sino para salir de él sin ser notado” de Doctor Pasavento.
EXPLICACIÓN:
“La frase contiene en estado puro el espíritu prudente de Jakob von Gunten, el aprendiz de mayordomo de la novela de Robert Walser. Mientras se prepara en el Instituto Benjamenta para ser el día de mañana un perfecto cero a la izquierda, Jakob va proyectando –gran amante de las “despedidas a la francesa”– su mutis por el foro, su discreta salida de todo escenario. Nada tranquiliza tanto como irse.”
12. CITA: “No sabía qué decirle. Me pareció que ya le había dicho demasiado diciéndole que era… yo” de Doctor Pasavento.
EXPLICACIÓN:
“Son unas palabras que me sorprenden y que me encantan porque no reconozco como mías. Si resultará que finalmente son mías, sólo viene a mi auxilio un a hermosa frase escrita por Brecht, es estribillo del primer poema que aparece en el Lesebuch für Städtebewohner: ‘¡Borra las huellas!'”

EL POEMA:

Libro de lectura para los habitantes de la ciudad

I

Sepárate de tus compañeros de tren
Anda a la mañana a la ciudad con tu campera abotonada
Busca un cuarto y cuando tus compañeros llamen
No abras, no, no abras la puerta
Sino
¡Borra las huellas!

Si te encuentras a tus padres en Hamburg u otro lugar
Pásalos, dobla en la esquina, no los reconozcas
Tápate la cara con el sombrero que ellos te regalaron
No muestres, no, no muestres tu cara
Sino
¡Borra las huellas!

¡Cómete esa carne que ahí está! ¡No ahorres!
Anda a cualquier casa, cuando llueve, y siéntate en una silla,
que ahí esté!
¡Pero no te quedes sentado! ¡Y no te olvides tu sombrero!
Yo te digo:
¡Borra las huellas!

Lo que digas, no lo digas dos veces
Encuentra tus pensamientos en otro: desmiéntelos
Quien su firma no ha dado, quien su imagen no ha dejado
Quien no estaba presente, quien no ha dicho nada
¡Como debe ser alcanzado!
¡Borra las huellas!

Cuidado cuando piensas en morir
Que ninguna tumba esté y revele, donde yaces
Con letra clara, que te señala
¡Y el año de tu muerte, que te condena
Otra vez:
¡Borra las huellas!

(Eso es lo que me dijeron)

Bertolt Brecht

13. CITA: “Sólo te queda resistir, no ser como aquellos que, a medida que la intensidad de su imaginación juvenil va decayendo, se acomodan a la realidad y se angustian el …resto de su vida”.  de París no se acaba nunca.

EXPLICACIÓN:

Sé que se puede narrar perfectamente la vida de una persona a través de la tensión contínua que se produce entre ese “acomodarse a la realidad” y ese negarse a hacerlo. En ninguno de los dos casos obramos bien. Acomodarse crea malestar para siempre. Pero lo contrario nos deja a merced de las represalias de la realidad. “¿No le parece terrible la realidad?” le preguntaron a poeta Gabriel Ferrater, el hombre más inteligente de Barcelona cuando yo tenía 20 años. Y Ferrater contestó: “Sí, ¿pero qué me dice de la irrealidad?”

14. CITA: “Vivo como un explorador. Cuanto más avanzo en la búsqueda del centro del laberinto, más me alejo de él. (…) Soy como un explorador que avanza hacia el vacío. Eso …es todo” de Bartleby y compañía.

EXPLICACIÓN:

“Pero ¿Qué es exactamente un explorador que avanza hacia el vacío? Todo menos alguien que recorre las calles heladas con el corazón aturdido por la tristeza”.

15. CITA: “Pero sería peor que a alguien le diera por encender las lámparas de mi existencia”. de Dublinesca.

EXPLICACIÓN:

“Observo que una rendija de luz se alarga en la penumbra, pero no basta la para guiar los pasos de mi existencia. No deseo, en todo caso, que se haga de día o que alguien encienda lámparas. Quiero permanecer así, a oscuras, como en la última página de aquel cuento que Filisberto Hernández tituló “Nadie encendía las lámparas”“.

Eso fue todo. Hay dos que no puse porque me dio flojera. Pero las pueden ver en página de Facebook. Cuando lleguen más, las pondré. Qué post tan jarto de hacer. Larguísimo, para que nadie lo mire. Si viene por acá amigo J.D., espero lo lea completo, cliquéando en todos los links.

Escribir es dejar de ser escritor y una reflexión de para qué aún estamos jóvenes.

Hace un corto tiempo guardé otro año para la colección. Ya son muchos, decía a los que me preguntaban cuántos cumplía. Aunque definitivamente esté viejo para aprender gimnasia olímpica, ballet, violín clásico o física teórica, hay cosas para las que puedo considerarme un embrión dada la poca experiencia, el limitado tiempo que le dedico, las muchas lecturas que faltan, los otros más maestros de los que no he tenido la oportunidad de aprender nada. Entre ésas variadas cosas, podríamos mencionar trotar en las mañanas, catar empanadas, recorrer enciclopedias y poder responder (de memoria) cuándo fue la batalla de Waterloo o quién era el Pacificador Morillo. Si bien, son actividades de poca importancia para la vida, a no ser que lo tuyo sea el egotismo, hay una que entraría en la costalada de lo que aún me permiten los años, la única a la que he aprendido a guardarle la paciencia, no por gusto sino por invalidez: la escritura.

La formación que he recibido, así como la lectura insistente, han hecho de mí una persona que escribe a pesar de sí mismo, o de los demás, que al fin al cabo serán los que pueden quejarse. No considero que lo haga genial, pero me preocupo por hacerlo al límite de mis capacidades. Me atrevería a decir, que de todo lo que sé hacer en la vida, lo que mejor que hago es escribir; eso les dará una idea de mi fracaso como futbolista, amante, amigo, ecologista y ser humano.

Un amigo, en un encuentro después de algunos años, me habló de Vila-Matas y su Doctor Pasavento o El Viaje Vertical, me contó de Robert Walser, de quien había tenido ocasión de leer una par de relatos, de la obsesión del español por la desaparición, la desesperación, el alcohol y la lluvia en Barcelona. El día del onomástico, otros amigos que son pareja, me regalaron con dos dedicatorias relativas a mis obsesiones propias, Dublinescas, de Enrique Vila-Matas. Arranqué a leer por curiosidad, en la mitad seguía por compromiso de libro regalado, y terminé sintiendo pena por Riba, su sueño y su soledad.

Confieso que la lectura se me hizo tediosa, quieta y aburrida, en mi defensa diré que acababa de terminar Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Murakami, que tiene una prosa veloz y llena de giros de tuerca, además de mágica y que me hace pensar en cuentos de hadas, aunque no sé por qué. El cansancio vencía, hasta la página 180-200 creía haber perdido dos semanas de mi vida, pero de ahí en adelante todo fue ascenso, emoción y melancolía. Entendí las páginas que había dejado atrás, su sentido, la necesidad de la reflexión insidiosa y la inacción propia del editor retirado.

No contaré nada. Primero, porque no sé mucho de teoría literaria y aún le tengo miedo al ridículo monumental, soy un tipo de pequeños ridículos como bailar Aserejé o La macarena en una fiesta con amigos; y segundo, porque mi criterio en libros no tiene el respeto que amerita sugerir leer tal o cual libro, sólo lo hago con personas cercanas de quienes intuyo gustos. La verdadera razón por la que actualizo esta vaina, que sigue sin ser nada a pesar del esfuerzo, es por un escrito de Vila-Matas que me encontré por primera vez en un video y luego en un blog que no recuerdo. Tiene que ver con eso que les decía más arriba, con las cosas para las que espero tener tiempo.

ESCRIBIR ES DEJAR DE SER ESCRITOR, es una reflexión hecha por Vila-Matas con la intención de dar solución a la pregunta del por qué escribir y qué es ser escritor. Ya vendrán cansados de toda mi retahíla insulsa, pero si llegaron hasta aquí, leyéndome a mí que no soy nadie, no pierdan el impulso y lean algo que sí vale la pena. Ahora sí, lo que importa, para todos aquellos que, como yo, no entienden por qué el afán de perder el tiempo haciendo cosas que nadie lee.

ESCRIBIR ES DEJAR DE SER ESCRITOR
por Enrique Vila-Matas

Muchas veces me he visto obligado a contestar a la pregunta de por qué escribo Al principio, cuando era muy joven y tímido, utilizaba la breve respuesta que daba André Gide a esa pregunta y contestaba: «Escribo para que me lean.»

Si bien es cierto que escribo para que me lean, con el tiempo he aprendido a completar con otras verdades mi sincera respuesta a la pregunta de por qué escribo. Ahora, cuando me hacen la inefable pregunta, explico que me hice escritor porque 1) quería ser libre, no deseaba ir a una oficina cada mañana, 2) porque vi a Mastroianni en La noche de Antonioni; en esa película -que se estrenó en Barcelona cuando tenía yo dieciséis años- Mastroianni era escritor y tenía una mujer (nada menos que Jeanne Moreau) estupenda: las dos cosas que yo más anhelaba ser y tener

Casarse con una Jeanne Moreau no es fácil, tampoco lo es ser realmente un escritor. Por aquellos días, yo tenía una vaga idea de que no era sencillo ni una cosa ni la otra, pero no sabia hasta qué punto eran dos cosas muy complicadas, sobre todo la de ser escritor

Yo vi La noche y empecé a adorar la imagen pública de esos seres a los que llamaban escritores. Me gustaron, en un primer momento, Boris Vian, Albert Camus, Scott Fitzgerald y André Malraux. Los cuatro por su fotogenia, no por lo que hubieran escrito. Cuando mi padre me preguntó qué carrera pensaba estudiar -é1 tenía la callada ilusión de que yo quisiera ser abogado-, le dije que pensaba ser como Malraux. Recuerdo la cara de estupor de mi padre, y también recuerdo lo que entonces me dijo: «Ser Malraux no es una carrera, eso no se estudia en la universidad.»

Hoy sé muy bien por qué deseaba ser como Malraux. Porque ese escritor, además de tener una expresión de hombre curtido, se había construido una leyenda de aventurero y de hombre no reñido con la vida, esa vida que yo tenía por delante y a la que no quería renunciar Lo que en esos días yo no sabía era que para ser escritor había que escribir, y además escribir como mínimo muy bien, algo para lo que hay que armarse de valor y, sobre todo, de una paciencia infinita, esa paciencia que supo describir muy bien Oscar Wilde: «Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla.»

Todo esto lo explicó muy bien Truman Capote en su célebre prólogo a Música para camaleones cuando dijo que un día comenzó a escribir sin saber que se había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo: «Al principio fue muy divertido. Dejó de serlo cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y escribir mal; y luego hice otro descubrimiento más alarmante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil pero brutal.»

Así pues, yo en esos días no sabía que para ser escritor había que escribir, y además había que escribir como mínimo muy bien. Pero es que, por no saber, ni sabía que era preciso renunciar a una notable porción de vida si se quería realmente escribir Por no saber, ni sabía que escribir, en la mayoría de los casos, significa entrar a formar parte de una familia de topos que viven en unas galerías interiores trabajando día y noche. Por no saber, ni sabía que iba a acabar siendo escritor, pero un tipo de escritor alejado de la figura de Malraux, pues me esperaban aventuras, pero más del lado de la literatura que de la vida.

Vila-Matas

Pero escribir vale la pena, no conozco nada más atractivo que la actividad de escribir, aunque al mismo tiempo haya que pagar cierto tributo por ese placer. Porque es un placer y es -como decía Danilo Kis- elevación: «La literatura es elevación. No inspiración, les ruego. Elevación. Epifanía joyceana. Es el instante en que se tiene la impresión de que, en toda la nulidad del hombre y de la vida, hay de todos modos unos cuantos momentos privilegiados, que hay que aprovechar. Es un don de Dios o del diablo, poco importa, pero un don supremo.»

Hoy en día, con el auge de la nueva narrativa española, se dan entre nosotros dos tipos de escritores jóvenes, de escritores principiantes: por una parte, están los que no ignoran que se trata de un oficio duro y paciente, un oficio en el que se avanza en tinieblas y le obliga a uno a jugarse la vida, a arriesgar (como decía Michel Leiris) la vida como lo hace un torero; por otra parte, están los que ven en la literatura una carrera y buscan el dinero y la fama como primer objetivo de su trabajo.

No tengo alma de predicador y, además, no quiero desanimar ni a unos ni a otros, de modo que citaré de nuevo a Oscar Wilde, citaré ese consejo que le dio a un joven al que le habían dicho que debía comenzar desde abajo: «No, empieza desde la cumbre y siéntate arriba.» Gabriel Ferrater lo dijo de otra forma: «Un escritor es como un artillero. Está condenado, lo sabemos todos, a caer un poco más abajo de su meta. Por ejemplo, si yo pretendo ser Musil y caigo un poco más abajo, pues ya es bastante más arriba. Pero si pretendo ser como un autor de cuarta fila…»

Un escritor debe tener la máxima ambición y saber que lo importante no es la fama o el ser escritor sino escribir, encadenarse de por vida a un noble pero implacable amo, un amo que no hace concesiones y que a los verdaderos escritores los lleva por el camino de la amargura, como muy bien se aprecia en frases como esta de Marguerite Duras: «Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos.»

Plantearse escribir es adentrarse en un espacio peligroso, porque se entra en un oscuro túnel sin final, porque jamás se llega a la satisfacción plena, nunca se llega a escribir la obra perfecta o genial, y eso produce la más grande de las desazones. Antes se aprende a morir que a escribir. Y es que (como dice Justo Navarro) ser escritor, cuando ya se sabe escribir, es convertirse en un extraño, en un extranjero: tienes que empezar a traducirte a ti mismo. Escribir es hacerse pasar por otro, escribir es dejar de ser escritor o de querer parecerte a Mastroianni para simplemente escribir, escribir lo que escribirías si escribieras. Es algo terrible pero que recomiendo a todo el mundo, porque escribir es corregir la vida -aunque sólo corrijamos una sola coma al día-, es lo único que nos protege de las heridas insensatas y golpes absurdos que nos da la horrenda vida auténtica (debido a su carácter de horrenda, el tributo que debemos pagar para escribir y renunciar a parte de la vida auténtica no es pues tan duro como podría pensarse) o bien, como decía Italo Svevo, es lo mejor que podemos hacer en esta vida y, precisamente por ser lo mejor, deberíamos desear que lo hiciera todo el mundo: «Cuando todos comprendan con la claridad con que yo lo hago, todos escribirán. La vida será literaturizada. La mitad de la humanidad se dedicará a leer y a estudiar lo que la otra mitad de la humanidad habrá escrito. Y el recogimiento ocupará la mayor parte del tiempo que será así arrebatado a la horrible vida verdadera. Y si una parte de la humanidad se rebelase y se negase a leer las lucubraciones de los demás, mucho mejor. Cada uno se leería a sí mismo.»

Leyendo a los otros o a nosotros mismos, poco margen veo yo para estallidos bélicos y mucho en cambio para la capacidad de un hombre para respetar los derechos de otro hombre, y viceversa. Nada menos agresivo que un hombre que baja la vista para leer un libro que tiene en sus manos. Habría que partir a la búsqueda de ese recogimiento universal. Se me dirá que se trata de una utopía, pero sólo en el futuro todo es posible.