LA SONATA A KREUTZER

Decía Hammett que solo por dos razones se comete homicidio: amor y dinero. Muchas veces por el segundo en función del primero o por el primero en ausencia del segundo.Y aunque la novela de Tolstói no es —bajo ningún precepto de la norma crítica— una novela policíaca, sí es la historia de un asesinato. En sentido estricto, la historia de un feminicidio.

La sonata Kreutzer.jpga Kreutzer sería un gran ejemplo de eso que el discurso feminista balbucea como piso epistemológico; a saber, que los hombres matan a sus esposas, a sus mujeres (y a las ajenas) cuando las aman tanto como Judas a Jesús.  En ella encontrarían páginas enteras para mover la cabeza indignadas y para lanzar el libro contra la pared mientras profieren arengas en contra de La Historia, de la maldad intrínseca de lo masculino, de la sumisión, del sometimiento y eso que desde los griegos ya era la regla para el funcionamiento de la polis: la mujer reducida a ser «perra de cría»… como tan dulcemente las llamaba Aristóteles.

La historia de un feminicidio contada por un misógino de la Rusia de la segunda mitad del siglo XIX. Un misógino perteneciente a la nobleza y que, muy a pesar de Tólstoi, en su discurso trasluce más del fervor cristiano de su autor que un pensamiento suyo, propio, como personaje de ficción.

El narrador-personaje, en un monólogo de 170 páginas, nos cuenta los detalles que lo llevaron a asesinar a su esposa. Discurre por ellos atento a reproducir el discurso del cristianismo que, es por todos sabido, es el principio para un perfecto y bien llevado odio a la mujer. No en vano Eva destruyó el paraíso. No en vano, como cita Tólstoi en boca de su personaje: «Aquel que mira a una mujer con deseo, ya ha cometido adulterio. No solo a una mujer cualquiera, a su propia mujer.» (Pág. 166)

Pudo ser una gran novela de un misógino decepcionado de las mujeres y sus futilidades. Al contrario, es una novela sobre los vicios del amor cuando están distantes de la norma de Dios, es decir, cuando no se permite al amor «pervertirse» por el placer sensual que tanto preocupa a la religión, siempre ávida de negar el cuerpo en función del alma y de castrar el deseo a favor de la sumisión femenina.

Si quiere una novela llevada con la fluidez y la intriga de las novelas por entregas, La sonata a Kreutzer es su novela. No obstante, si es usted una feminista acérrima, católica, apostólica y romana puede encontrarse con un discurso enturbiado por un Tolstói muy preocupado de moralizar a sus lectores, y al amor de su tiempo, bajo la norma del  cristianismo ortodoxo.

Tolstói, L. La sonata Kreutzer. Editorial Bruguera. 1973.

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SUICIDIOS EJEMPLARES

Voy a intentar hacer un comentario a todo libro que vaya leyendo. Será algo corto, sin pretensiones teóricas ni de ningún tipo. Solo un comentario, para que ustedes, si quieren y les anima, le echen también una leída al libro y me compartan sus impresiones en los comentarios. Hoy, para empezar: Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

vilaHe tenido una relación amor-odio con Vila-Matas. Muchos de sus libros me exasperan por lentos y por estar llenos de alusiones a otros autores (en algunas oportunidades con párrafos enteros, textuales y carentes de cita). Sin embargo, este libro es una gran compilación de cuentos. Aún me cuesta ver al español como cuentista, más cuando cada una de las historias que aparece en Suicidios ejemplares son solo eso: una historia, un cuento en el sentido más esencial de la palabra. Hay en el primer relato, Muerte por Saudade, una referencia a un poeta portugués al que dedica gran parte de su libro Extrañas notas de laboratorio; alusión que, no obstante, no adopta ese mismo tono distante y parafraseador que tanto me incomoda en sus novelas.

Un gran libro. Un libro para gente que le gusta escribir, como (desde mi perspectiva) es casi todo lo que escribe Vila-Matas. La diferencia con sus novelas: en este libro hay cierta libertad representada en historias sólidas que no se difuminan para dar prelación a esa espiral de envanecimiento a la que parecen condenados todos los personajes de sus novelas. Espiral que no está ni siquiera en un cuento que, por el título, su presencia parecería obligatoria: El arte de desaparecer.

«(…) De pronto, una noche, muertos ya todos, Anatol comprendió que estaba solo, completamente solo en el mundo, y notó esa sensación de extravío que se siente cuando, en el camino, nos volvemos atrás y vemos el trecho recorrido, la vía indiferente que se pierde en el horizonte que ya no es nuestro. (…) que era cierto eso de que cada hombre lleva escrita en la propia sangre la fidelidad de una voz y no hace más que obedecerla.»

De El arte de desaparecer.

Enrique Vila-Matas, Suicidos ejemplares. Editorial Anagrama. 2000