Ganador del III Premio nacional de poesía “Obra Inédita 2010” (Tertulia Gloria Luz Gutiérrez)

Eso de ser poeta es una vaina dura, más si es joven y lleno de esperanzas, ilusiones y ganas de salir del fango del anonimato. El premio instaurado por la tertulia de Gloria Luz Gutiérrez, ya tiene un ganador. Desde hace diez años, sagradamente cada primer martes de mes, entre 80 y 100 personas se reúnen en casa de esta profesora de colegios distritales, quien estudió literatura y tiene una especialización en Literatura infantíl, para leer y aprender de poesía.

Este premio que comenzó llamándose, en el 2006, “María Mercedes Carranza” y que lo recibieron ese año, Patricia Ariza y Giovanni Gómez, otorga $20 millones ($10.000 dólares) de pesos al ganador, y $5 millones al segundo lugar, además de la publicación del libro en ambos casos. El de este año, fue dirigido por Federico Díaz-Granados.

El primer premio fue para Santiago Cepeda, profesor de un Colegio del Norte de Bogotá y recién egresado de la Universidad Javeriana del programa de Literatura, con el libro “Arder no ha sido luz”. El segundo lugar, Andrés Betancourt, el nombre del libro no lo conozco, pero sí que vive en París y sus padres recibieron el premio.

Los jurados fueron Giovanni Quessep, Maruja Vieira, Gonzalo Mallarino y un mejicano de apellido extraño, pronto lo confirmaré. Santiago usará el dinero del premio para estudiar maestría en Nueva York. Felicitaciones a él, y esperó pronto poder publicar algunos de sus poemas.

Anuncios

El suicidio, la creación y la enfermedad mental (poetas y narradores)

“¡Qué poeta ni qué mierda si me estoy muriendo de hambre!” respondía Gómez Jattin, cuando en la calle lo paraban para llamarlo poeta o admirar su obra. Estaba loco, estuvo loco mucho tiempo. Pero no era el único, si leyeron uno de los post anteriores, recordarán que en eso de la locura y la creatividad, nunca se está solo.

Los poetastros, como eran llamados en mi época universitaria (no finita, aún), siempre quisieron estar locos. Todos querían pasar por un psiquiatra, psicoanalista o dados los alcances económicos, la psicóloga negra que atendía el consultorio universitario. Cuando se enteraron que en el argot científico, se decía que ninguna persona que ambulara las calles podría decirse mentalmente sana, todos padecieron Síndrome de Estudiante de Medicina-psiquiatría. Se tenía trastorno esquizoide, paranoico, psicótico, etc. Si se contaba con suerte, tan sólo un trastorno bipolar bastaba, para crear a partir de la angustia suscitada por la ciclotimia.

La montaña rusa anímica exigía ciertas lecturas, Bukowsky, Mallarmé, Poe, Pavese y por supuesto, Baudelaire quien junto a Verlaine y Rimbaud, eran el Top de la literatura para tocados. Es a Aristóteles a quien se le adjudica la idea de que las formas más altas de logro humano se asocian con la locura. Cabría ahora preguntar qué se entiende por locura, desde qué óptica afirmaba aristóteles. La certeza me abandona, pero supondría que en ésas épocas toda creación estaba ceñida a los estados ex-taticos , que por definición, sería estar fuera de sí, o loco en el sentido moderno de la palabra.

Estudios han mostrado la estrecha relación entre la creación y la enfermedad mental. La psiquiatría ha tomado el tema en serio, aunque según veo-leo, se limitan al suicidio como prueba máxima, hacen un largo recorrido por los famosos que han terminado con su vida empujados por accesos de locura.

Pero, yo quisiera, en mi romanticismo pacato, creer que va más allá. Los genios lo son, no por su posible propensión a la enfermedad, sino que determinadas circunstancias (infancia, salud, abandono) les dan la posibilidad de abstraer el mundo en niveles que los sanos, por desidia, desinterés o comodidad, no lo hacen. Frente a la crisis la configuración de la psique debe cambiar para buscar el bienestar, y cuando el entorno no es lo suficientemente benéfico, inventar mundos deformando la realidad parece la mejor salida. Todo Arte es deformación ¿qué sentido tendría el Arte si lo que muestra puede ser visto a través de la ventana? El realismo no cala tanto como el surrealismo.

El trastorno mental no es un don sino una aflicción que conlleva tremendo sufrimiento. Valdría preguntarles por la felicidad del poeta a quienes conocieron a Gómez Jattin, si no creen posible que en un momento de lucidez, optó por salir por la “puerta de atrás”, como diría Maupassant,  para abreviar su dolor. Del mismo modo, como en su momento lo hicieran Hemingway, disparándose en la boca, Virgina Woolf, llenándo su abrigo de piedras y lanzándose al río Ouse, Kawabata, asfixiándose con gas, Mishima con el seppukku, Malcom Lowry intoxicado por estupefacientes o Silva, pidiendo un círculo de yodo en el sitio de corazón, para no fallar en el disparo.

Algunos científicos creen que la poesía es una droga, familiar supongo de la heroína, una de las conclusiones del estudio del doctor Jesús de la Gándara, realizado con la biografía de 67 poetas, 52 hombres y 15 mujeres (en internet está la referencia bibliográfica, sólo copien y peguen)  dice textualmente:

“La poesía es una droga, y por tanto no se debe juguetear con ella, pues si sólo se prueba no se le saca todo el partido posible, pero si se pueden sufrir sus efectos adversos, y si se abusa de ella, si sólo se vive, convive y cohabita con ella, se acaba atrapado en sus redes, adicto y dependiente de ella. A muchos poetas se les nota, tiene tanta intimidad con ella (…) No hablan de otra cosa, no dedican energía a otras cosas, se relacionan sólo con círculos poéticos y así acaban, intoxicados, obsesionados, extenuados, y, a veces, muertos por ella”   

 Balzac decía: “el suicidio en un poema sublime de la melancolía”

Final e Inicio. Preocupaciones culposas de un expulsado del Paraíso.

Tengo una manía, pienso patológicamente en los finales y en los inicios. La sensación supongo será similar a la de Vallejo cuando escribió “una tarde de la que ya tengo el recuerdo” , sólo que con nula genialidad pero similar tristeza. La manía es clara por momentos cortos, el resto del tiempo no sé bien, si lo que me hostiga es el inicio o el final, como el huevo o la gallina o la gallina y el huevo.

Por supuesto, mis meditaciones son superficiales, atañen o nimiedades como quién sería el primero en subir un andén, quién será el último en comerse una zanahoria; qué diría la primera mujer a la que un hombre le dijo que la amaba, o le pidió que tuvieran sexo (pedido, no poseído) o sobre qué hombre se contoneará la última mujer y si sabrán que son los últimos. Si la supiera nada en el mundo cambiaría, quedaría contento sólo con ver la cara de cada uno de ellos.

De muchas de esas cosas he escrito, Freud diría que ahí sublimo mi deseo irrealizable; Lacan, que dada la imposibilidad categórica de realizar cualquier deseo dentro de las leyes de la Física, el medicucho aquél no entendía nada sobre mi inconsciente ni mi estupidez. Me quedo con Freud, que copión y todo, le puso el piso a Lacan.

Soy partidario de la idea Freudiana del arte como sublimación de las imposibilidades, era creer o el asesinato en serie. Cada vez que lo dudo, que relampaguea la imagen del vienés farfullando incoherencias, leo a Kafka y me convenzo, no de la certeza del psicoanálisis sino de la irrealización y su conexión con la creación.

Hablé de mis insulsas reflexiones sobre el inicio y el final, del deseo, Freud y Lacan sólo para dejarles un par de textos del Praguense. Recuerden, que para Kafka la principal paradoja es la de la expulsión-y-la permanencia, la de ser absuelto-y-estar condenado, paradoja que no distingue credo ni religión, poder o sumisión. La culpa, diría un amigo, mueve al mundo, pero para Kafka la culpa deriva de la paradoja, porque nadie es capaz nunca de entender cuándo fue que se quedo fuera-dentro del paraíso, ni cuál es su pecado original. “El tribunal no quiere nada de tí. Te recibe cuando vienes y te despide cuando te vas”. le decía el capellán a Josef K.

PARAÍSO 

La expulsión del Paraíso debe ser, según su significado principal, eterna. En consecuencia, la expulsión del paraíso es final, y la vida en este mundo inapelable, pero la naturaleza eterna del evento (o, para expresarlo en términos de temporalidad, la repetición eterna del evento), hace posible que no sólo podamos estar viviendo continuamente en el Paraíso, sin que tenga la menor importancia el hecho de que sepamos o no que nos encontramos en el Paraíso.

Vivimos en pecado no sólo porque comimos del Árbol del Conocimiento, sino porque aún no hemos comido del Árbol de la vida. El estado en el que nos encontramos es de pecado, más allá de que seamos o no culpables.

Estábamos destinados a vivir en el Paraíso, y el Paraíso estaba hecho para nosotros. Nuestro destino fue alterado, pero no podemos estar seguros de que lo mismo haya ocurrido con el destino del Paraíso.

Y si bien fuimos expulsados del Paraíso, el Paraíso no fue destruido. De algún modo, nuestra expulsión del Paraíso fue un golpe de suerte, porque en caso de que nosotros no hubiéramos sido expulsados se debería haber destruido el Paraíso.  

MENSAJEROS

Se les dio a elegir: podían transformas en reyes o  en mensajeros de reyes. Eran niños, eligieron como niños: todos prefirieron ser mensajeros. En consecuencia, sólo existen mensajeros que corren por el mundo, a los gritos, transmitiéndose unos a otros, puesto que no hay reyes, mensajes insensatos. A estos mensajeros les gustaría terminar con su miserable existencia, pero no se atreven a hacerlo, porque sus juramentos profesionales se lo impiden.

UN EPISODIO SIN CONSECUENCIAS

El hombre es una ciénaga infinita. Pero a veces lo ataca el entusiasmo, y parece como si en un punto indefinido de esa ciénaga una rana se zambullera, produciendo una pequeña turbulencia, y desapareciera.

EL DESTINO

Una jaula salió en busca de su pájaro.  

 

Elegías

“…Que el azar me lleve hasta tu orilla,
ola o viento, que tome tu rumbo,
que hasta ti llegue y te venza mi ternura”

¿Qué diría de la muerte ése, que tal como lo haría kafka en una de sus paradojas, hoy se acoda en la ventana para ver cómo la multitud siempre acaba bajo las ruedas de los coches? Para kafka, las cosas siempre estuvieron claras, caía.  La muerte, muy a pesar del abismo que reconociera en ella, representaba un rezago de fe; un movimiento constante de esperanza, la última de todas.  Llegada la hora de la muerte “el Señor aparecerá casualemente en el corredor, y reconociendo al prisionero dirá: ‘A este no lo encierren otra vez, viene conmigo”.

Pero la muerte no es siempre la muerte, las hay diversas en intensidad y ausencia. Porque no muere quien ya no respira o aquel que ya no cruzaremos en la calle, muere el que se queda, el que escribe elegías. No hay intención en el melodrama o en el tinte mañé que adquiera esta entrada, pero salió.

No es sorpresa para los colombianos la poesía de Dario Jaramillo Agudelo, el antioqueño de reconocida fama, que supo renovar la poesía amorosa y alejarla de lo romanticón y adolescente.  No soy lector acérrimo de poesía, pero siempre es bueno accidentarse con unos versos, más cuando se acoplan perfecto a las tristezas diarias, todo llega a su tiempo. Dejo una aquí, y el link de El Malpensante de mayo donde pueden leer las cuatro.

Si ahora regresaran llegarían con su edad intacta,
más allá de la muerte, inmortales
con aire de ignorar lo nuevo que hay en el
mundo,
sin interés en nada distinto de indagar lo que
ahora soy.
¿Por qué las canas y la panza?
¿Por qué mi trajinado traje mortal que cruje tanto
y mi cojera?
¿Por qué mi apatía con el mundo, mi apatía conmigo,
mi desgano?
¿Por qué mi fastidio con el ruido y sus ruindades?
¿Por qué mi amor al silencio, mi mutismo?
También preguntarían perversos por qué conmigo
la muerte es indolente.
Si ahora regresaran, llegarían dándome un abrazo
que todavía extraño

“A los Pisones” Fragmento

Como he de sospechar muchos de ustedes conocen el Arte poética de Horacio, también conocida como Epístola a los Pisones. Se trata a grosso modo de recomendaciones para la escritura, recomendaciones vigentes  a pesar de los 1950 años que han pasado desde que se supones fue escrita. Está en verso (quisiera saber qué tipo de verso) y es un fragmento. Podría pecar de anquilosado y clásico hasta el colmo, pero sólo lo estaba leyendo y me pareció interesante compartirlo. Lo transcribí de ARTE POÉTICA Y OTROS POEMAS, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE OSCAR GERARDO RAMOS. INSTITUTO CARO CUERVO. BOGOTÁ, 1974.

 

ARTE POÉTICA

Emprended un asunto —los que escribís— conforme
con vuestras energías, sopesando qué tanto
vuestros hombros soportan y rechazan. Si el tema
es además muy sólido —tenedlo por seguro—
ni os faltará facundia, ni esplendoroso orden.

Es fuerza y hermosura el orden —o me engaño—
decir ya lo que debe decirse ya, dejando
lo demás para luego y omitiéndolo ahora.

Esto ama, esto desprecia quien aspira a ser poeta.

Hallarás la belleza si eres sutil y cauto
al elegir las palabras, sobre todo si logras
que expresión novedosa restalle del semblante
de vocablos; si acaso se requiere que signos
actuales iluminen lo oculto, bien se puede
extremar la osadía de modo que relumbren
léxicos que no oyeron antiguos Cetegos.
Aquestos neologismos poblarán el idioma,
si hábilmente se toman del manantial helénico.

Ha sido siempre lícito y siempre habrá de serlo
el acuñar palabras signadas por su época.
Al llegar el otoño los bosques van cambiando
sus hojas —una estirpe de palabras sucede
a otra estirpe—  las nuevas florecen y con rito
de juventud se imponen. Nosotros, nuestras obras,
vamos hacia la muerte. Se puede hacer bahías
—regia empresa— robando tierra al mar para abrigo
de las flotas; se puede convertir una estéril,
navegable marisma en campo labrantío
que alimente ciudades vecinas; y se puede
enderezar un río destructor de sembrados.
Hay hechos perecibles, mucho más que las palabras
con su sólida honra y su sonora gracia.

Cada asunto requiere una entonación exacta.
A veces la comedia alza la voz y Cremes
iracundo litigia con perorata túmida.
No le basta al poema ser hermoso, reclama
una interna dulzura y una interna energía
que haga reír si ríe, y haga llorar si llora.
Si deseas mi llanto debes llorar primero.
Entonces tus desgracias me laceran, Peleo
y Télefeo; si en cambio tu expresión no concuerda
con tu sentir, me duermo o me burlo.

Hay mucha diferencia si el que habla es dios o héroe.
Sigue las tradiciones, escritor, o si creas
caracteres, diséñalos iguales a sí mismos.
Pero si te aventuras con un nuevo carácter,
dale una permanente identidad exacta.
Es siempre muy difícil individualizar lo abstracto.

Temas universales serán tu patrimonio
si no rondas el mismo círculo trajinado,
si no te servilizas traduciendo palabra
por palabra, ni te entras por un desfiladero
del que nunca podrías regresar, pues lo impiden
el pudor de tus fuerzas o las leyes del género.

Apura el desenlace, se concreta a la esencia
y olvida todo aquello conocido e insulso.
De tal modo entreteje realismo y fantasía
que entre todas las partes discurre un todo armónico. 
Te inquieta lo que todos reclamamos. Pues óyeme
y mirarás entones a los espectadores
esperar, sin moverse, hasta cuando el flautista
dé la nota que indique la hora del aplauso.

Perfila, pues, los rasgos de cada edad, y el trazo
que transforma a las gentes a través de los años.
Los años, cuando llegan, traen muchas ventajas
pero cuando se alejan también arrastran otras.
No des, por tanto, líneas seniles a un muchacho,
ni viriles a un niño. Procura, pues, que siempre
haya un justo  diseño de edad y circunstancias.

Conviene presentar a los sátiros
burlones  y locuaces, entremezclar lo serio
con lo chistoso, pero sin que un dios o algún héroe,
poco antes revestidos de oro regal y púrpura,
bajen con palabrejas a sombrías tabernas;
o al revés que, tratando de evitar lo plebeyo,
cojan nubes inanes.

Todavía más, me dedicaría a construir mis versos con jerga,
de tal modo que quien también se atreva,
sude y sufra y se frustre.
Así son de honorables las palabras comunes
y es así de importante su secuencia y ensamble.

Tú, el mayor, aunque llevas la guía de un padre,
y aunque el bien ya percibes; no obstante, en tu memoria
retiene  mi precepto: algunas profesiones
toleran medianías. Así un jurisconsulto.
El poeta no puede ser mediocre: ni dioses,
ni público, ni prensa lo toleran. A veces
es agradable cena, una orquesta discorde,
un perfume pesado, una salsa pegajosa,
ofenden. Y sin ellas pudo hacerse e convite.
Ocurre así al poema: su misión placentera,
Si no conquista altura, desciende al precipicio.

“Mami ha vuelto” (7)

Al fin la parte final de todas las partes (7)

Recuérdalo, salimos de comer helados, tomar cafés y tratarte de puta. Los pasillos son alamedas del parque, pisa con cuidado, escucha el crujir de las hojas secas ¡fíjate, los árboles dan su mueca profunda! Bésalo, que él también camina con nosotros. Toma, lo acerco a tí. Lo bañé como leímos en esa revista para padres, huele a la loción que compraste el día que supimos que nacería. Lo vestí como tanto te gusta ¡Mírame que te hablo! Tócalo. Llora en la noche, te extraña y necesita que lo acaricies. Estarás así mucho tiempo, paradójicamente nunca podrás disfrutarlo. Y seguirás viniendo a visitarme y yo tendré éste bebé en las manos; te diré a diario —o cuando vengas—, que es tu hijo, que lo salvé de las aguas amnióticas y de la horca de tu ombligo. ¡Eres una puta! Éste es mi hijo ¿acaso no lo ve? Yo soy un buen padre. Aléjese de mí, pero acarícielo a él. Hágalo suave, mire qué bonitos que son sus ojos. No es cierto que tengas las tripitas de trapo ni que tus ojos sean dos botones, mamá miente, la puta miente. Y no llores bebé, que no es culpa tuya tener una mamá de la calaña ésta. Que hasta me decía haberla violado en un sitio en el que no estuve, sí como escuchas cucarrón —cuchicuchicuchi—, y entonces se quedaba callada y yo le decía muchas cosas para que no se fuera y se quedara con nosotros. Mírala que acaba de venir, mírala como se va, regresa y se va, porque no es más que una puta ¡UNA PUTA, PUTA, PUTA, PUTA! Regresó, saluda bebé antes de que se aleje por entre las paredes con su cara de puta, puta, de miserable marsupial antiséptico, que se colgó contigo dentro, de puro egoísmo. Que se hizo de humo, contigo en la pancita arañada, para dejarme solo y poderse largar con ése que aparecía en las noches y la ponía como loquita; el mismo que, apunta de palabras suavecitas, la incitó a que se punzara los oídos con los lápices de escribir las tareas, para librarse, para no escuchar-lo más y oír mejor la sangre en cascada.

Que regresa y se va, tralalalalá,
viene vestida con bata, tralalalalá,
a mirar a su niño, tralalalalá,
asfixiarse en su panza. 

Que se ha hecho de humo, tralalalalá,
para odiar a su hijo, tralalalalá,
por traerle consigo, tralalalalá,
un ser sibilino.

Y te canto mi niño para que recuerdes que yo sí te amo, y que a tí te amo igual Mi vida. No es cierto que tengas los brazos de caucho ni la boca pintada, y menos las tripas de trapo; tampoco, que de aquél sepa si es o no sibilino, pues nunca supe qué le decía, pero mami se reía mucho, y después lloraba y tú estabas dentro. Si le profetizaba no lo sé. Pero lo que sí sé es que la dejó sorda y colgada. Y ahora yo te cuido y te cuidaré, y le contaré a la mami que fui yo quien te salvo cuando morías de aire, te hice en mis brazos, y no estoy en un parque, pero le digo que sí; y hace mucho que no como helado, pero le digo que sí; que no me gusta caminar, pero le digo que sí, y que yo la violé y que me excita, porque si tuviera que decir algo, respecto a alguien, sabría tener dos o tres palabras destructivas. Muchas veces no serán las más lúcidas, pero sí las más hirientes. Pero, háblale que ya regresa, y ya se va ¡PUTA!, no te saluda, te amo Mi Vida. Cuídate esos labios, ambos, no olvides el rubor en las mejillas, respirar profundo cuando vuelvas, porque la muerte es la soledad eterna. Mi hijo, ya no estará solo. Dale, una sonrisita a mami, mírala cómo se hace humo, cómo no es nadie con ese collar de soga, lo oídos sangrantes y el vientre hueco.

“Como canario a canarita, con ganas de pisarte las amarillas plumas” (6)

Dije que para ayer la última parte, pero no tuve tiempo de subirla. Hoy subo la penúltima, porque estaba más larga de lo que pensé y queda tediosa para leer en panatalla. Léanlo los que lo hayan hech0 y los que no deben empezar desde la parte 1 “Soy un miserable. Te violé en la fiesta a la que no fui”

 

…Y menos lo haría contigo tontita, tú que me traes como canario a canarita, con ganas de pisarte las amarillas plumas, y hacerte que me pongas dos huevitos para cuidártelos y protegértelos. Pero no me mires como si me hubiera caído del zarzo que yo lo que ando es caído de ti, como la pulga del perro, como la pera del naranjo; loquito por tu boca, por haber ido a la fiesta. No te imaginas lo que me gusta ser parte, al menos, de tus delirios etílicos. Cómo desearía haber sido yo el que tuvo la oportunidad de conocerte por dentro. Que fuera mi lengua la que humedeció tu oreja, mi cresta ilíaca la que te amorató, mis palabras las que te convencieron de darte la vuelta. Pero no, no soy nada y menos un conquistador. Soy un miserable y te violé en la fiesta a la que no fui ¿Quieres que salgamos de aquí? Que caminemos, para verte cómo es que te enterneces de lágrimas con mi perrito cocolo, batiéndote el ñoco. Ven, caminemos, agárrame del brazo, hazme sentir como un edecán y a tí como a la miss. Ya te pague los cinco helados y los dos cafés que te tomaste, pero sigo sin tener con qué pagarte las piernitas abiertas. Quisiera creer que es menos puta que la apariencia. Tranquila que ya lo sé. Es que es difícil creerle, más cuando no recuerda nunca cómo, cuándo ni con quién, y me anda confundiendo y haciéndome sentir importante que dizque porque nadie te ha tratado como yo. No obstante, aludiendo a la posibilidad verosímil de que existiera en tu vida, no como novio, esposo, amigo o amante, sino como ALGO simplemente, es absurdo no haberte escuchado nunca más decir de nuevo que me amas. Porque hemos estado tan solos y tú tan acompañada. Da tristeza que no nos recuerdes, tener que jugar y seguirte los juegos, hacerte creer que no me conoces, más que por una noche furtiva. Nunca fui, porque nunca hubo fiesta. Nunca te violé porque siempre fue consentido. Eres lo más importante y tú lo sabes. Escúchame, que nada hay para mirar tras la ventana. No te hales así el cabello, ya sabes lo que ha dicho el médico. Aunque, no haya tenido tanta razón como he creído, pues fue él quien me ordenó seguirte cuando divagues, que era por tu bien Mi Vida, que así podrías mirarnos otra vez a los ojos y decirnos cómo es que nos llamamos, de qué color es que tenemos el pelo, quién es el padre y quién es el hijo, a quién nos parecemos. No olvides ponerte rubor carmesí en la cara, estás pálida y ojerosa. Límpiate los labios que la saliva se está saliendo. Respira profundo para que te quites la asfixia de la boca. Muévete un poco que vamos caminando, recuerda que estamos saliendo de comer helados, de tomar cafés, de hablarte de marsupiales y tratarte de puta siguiéndote en el juego que propusieron tus gestos. No importa que las paredes sigan siendo blancas y sólo tengamos la luz a chorros por las ventanas. No importa que para vestir solo tengas ese vestido blanco cortico, que  debas tomar cosas que no te gustan, que te lleven y te traigan, que tengas que ser atada a la cama porque todo es por tu bien Mi Vida, eso dice el médico, los médicos.