SUICIDIOS EJEMPLARES

Voy a intentar hacer un comentario a todo libro que vaya leyendo. Será algo corto, sin pretensiones teóricas ni de ningún tipo. Solo un comentario, para que ustedes, si quieren y les anima, le echen también una leída al libro y me compartan sus impresiones en los comentarios. Hoy, para empezar: Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

vilaHe tenido una relación amor-odio con Vila-Matas. Muchos de sus libros me exasperan por lentos y por estar llenos de alusiones a otros autores (en algunas oportunidades con párrafos enteros, textuales y carentes de cita). Sin embargo, este libro es una gran compilación de cuentos. Aún me cuesta ver al español como cuentista, más cuando cada una de las historias que aparece en Suicidios ejemplares son solo eso: una historia, un cuento en el sentido más esencial de la palabra. Hay en el primer relato, Muerte por Saudade, una referencia a un poeta portugués al que dedica gran parte de su libro Extrañas notas de laboratorio; alusión que, no obstante, no adopta ese mismo tono distante y parafraseador que tanto me incomoda en sus novelas.

Un gran libro. Un libro para gente que le gusta escribir, como (desde mi perspectiva) es casi todo lo que escribe Vila-Matas. La diferencia con sus novelas: en este libro hay cierta libertad representada en historias sólidas que no se difuminan para dar prelación a esa espiral de envanecimiento a la que parecen condenados todos los personajes de sus novelas. Espiral que no está ni siquiera en un cuento que, por el título, su presencia parecería obligatoria: El arte de desaparecer.

«(…) De pronto, una noche, muertos ya todos, Anatol comprendió que estaba solo, completamente solo en el mundo, y notó esa sensación de extravío que se siente cuando, en el camino, nos volvemos atrás y vemos el trecho recorrido, la vía indiferente que se pierde en el horizonte que ya no es nuestro. (…) que era cierto eso de que cada hombre lleva escrita en la propia sangre la fidelidad de una voz y no hace más que obedecerla.»

De El arte de desaparecer.

Enrique Vila-Matas, Suicidos ejemplares. Editorial Anagrama. 2000

Anuncios

YO OPINO PORQUE OPINAR ES IMPORTANTE

Algunos meses atrás, uno de esos portales donde publica gente importante y famosísima de la red social más inteligente de toda la interné me hizo una invitación para tener una «columna de opinión» en sus parcelita digital. Me sentí halagado. ¡¿Yo?, todo un opinador!, me dije con admiración mientras me miraba asombrado en el reflejo de la pantalla del computador. Me embargó una felicidad desconocida para mí: la felicidad de creer que mis opiniones respecto a cualquier tema podrían ser interesantes para un montón de gente que no conozco, y cuyo desconocimiento y falta de interés son recíprocos.

      En los breves segundos que duró la emoción de parecerme a Obdulio Gaviria o a la niña esta «depordios» (guardando la distancia de amor a los animales), se me ocurrieron cinco mil temas de importancia capital para el sostenimiento del mundo. Temas que serían la envidia de Hunter Thompson, del mismísimo Foster Wallace cuando escribe Hablemos de Langostas; obvio, seguramente los versados en el difícil e incomprendido oficio periodístico, me dirán que ellos no hacían columna de opinión sino crónica, de un modo tan genial que inventaron una ruta por donde se copiaron los demás. El periodismo, siempre a la vanguardia de la novedad.

    El caso fue que estaba yo ahí, asombrado de mí mismo, sintiéndome genial, ambulando los tortuosos caminos de los temas fundamentales para la humanidad y de los cuales escribiría para gente vital en mi existencia, cuando recordé que en esencia soy pobre. Y pensé: una vaina tan difícil como escribir, debe ser remunerada en proporción. Pregunté a los directores del portal y ellos, muy corteses, me respondieron que era un ejercicio comunitario, de apoyo mutuo por construir un lugar para la opinión libre, opinión crítica, al margen de la institucionalidad dominada por intereses políticos y censuras morales y económicas. En resumen, la utopía que soñó Tomás Moro pero en términos de opinadero digital. Algo así como una comunidad jipi sesentera pero sin tanto pipí bamboleante y más bien palabras de libertad, opiniones tozudas y profundas: Mayo del 68 pero con buen diseño. En definitiva, eufemismo más, eufemismo menos, iba a regalar mi tiempo, mis palabras, mis temas fundamentales para la humanidad, solo por el regodeo solaz de poder decirle a mis «amiwis» del Twitter que tenía una columna de opinión, mientras mi texto generaba visitas al portal y yo seguía vendiendo mis libros para comprar cigarrillos. Una oportunidad cuyo desaprovechamiento sería una estupidez tan grande y profunda como mis temas.

     Luego, por alguna extraña razón, recordé que tenía un blog. Un blog cuyo tráfico, si bien no inmenso, sí es fiel en visitantes. Recordé que cuando solía subir mis cuentos aquí (cuentos de 8-15 páginas), había un número fijo de visitas y pues que leyeran o no, eso no importa para el periodismo New Age. VISITAS, eso es todo. Y me dije: Don Bruno, haga contracultura, abajo el opinoterrorismo, viva la libertad de morirme de hambre y de perder el tiempo escribiendo columnas de opinión donde solo gana WordPress por el tráfico. ¿Y por qué que gane WordPress (grandes terratenientes de las parcelas digitales) y no un portal nuevo, nativo, prometedor? Por una razón simple: porque no se me da la gana. Respuesta irrebatible.

     Con esta entrada inauguro una nueva etapa en este blog. Abierto durante muchos años sin ningún fin, ahora tiene un fin: hablar la mierda que quiero y sobre los temas fundamentales en mi columna de opinión semanal donde haré lo mismo que hace todo el mundo con su columna de opinión: hablar mierda de nada y para nada y luego decir que fue muy importante para el mundo lo que un don nadie tenía para decir y que ustedes no me entienden porque la genialidad de un periodista de opinión se mide por la incapacidad natural de no poner una coma donde se le requiere sino de exigir un lector inteligente y ávido de recibir la buena opinión de quien se atreve a perder media hora de su vida escribiendo sandeces desgastantes e intrascendentes para la gente.

    Perdonarán ustedes mi falta de experticia en la opinadera. ¿Por qué escribir una columna de opinión? Mejor, ¿por qué no escribirla? Si todos la escriben, ¿qué lo detiene a usted? ¿Son sus sandeces de autoregodeo onanista narciso menos importantes que las de cualquiera? Este es un espacio abierto, si quiere yo también le abro su espacio y le dejo opinar. Quería hablarles de la mandinga afrocubana, pero decidí opinar sobre las columnas de opinión. Gracias por perder el tiempo. Esto es periodismo, ¡de opinión!, no espere buena ortografía… ni opinión verdadera.