Rubem Fonseca habla de su acercamiento al cine como guonista y espectador

http://video.google.com/googleplayer.swf?docid=-582027943719752924&hl=es&fs=true

Un perro y Una pistola

La primera vez que pisé Montreal tenía catorce años y no sabía una mierda de nada. Inexplicablemente me hice amigo de un vago que aguardaba afuera de una concurrida plaza del centro; nunca supe su nombre y apenas de él me acuerdo. Junto a él y a su perro me bebí mi primer cerveza, vi por primera vez como lucía la marihuana y otras cosas que ahora no vienen al caso. Entonces un día como hoy recuerdo cuando me dijo que todo lo que un hombre necesitaba era un arma y un perro. Y cuántos años pasaron para que yo por fin pudiera entenderlo.

Álvaro (@perroromantico)

Abusando de las letras de Álvaro, un mexicano radicado en Canadá, les copio esto que vale la pena leer. Si vienes por acá, es un homenaje de identificación.

Los Verdaderos Detectives Salvajes (Quién es quién)

Personalmente, no soy muy adepto al chileno, aunque sólo he leído el libro en mención para esta entrada. Como sé que ustedes sí son lectores asiduos de la obra de chileno, les dejo esto que me encontré por ahí. Espero le sirva para leer o releer. 

detectivesGuía para saber quién es quién
en Los detectives salvajes

     Esta relación ha sido preparada por José Vicente Anaya y Heriberto Yépez. Se agradecería cualquier corrección, adición o sugerencia. Su único afán es promover la mayor comprensión del movimiento infra.

Juan García Madero tiene elementos de Juan Esteban Harrington y de Roberto Bolaño, aunque en la novela se dice que es mexicano y vive con sus tíos, lo que no corresponde a los chilenos.
Arturo Belano es Roberto Bolaño.
Julio César Álamo o “el poeta campesino” es Juan Bañuelos.
Ulises Lima es Mario Santiago.
Cesárea Tinajero está inspirada en Concha Urquiza.
Ernesto San Epifanio es Darío Galicia.
Rafael Barrios es Rubén Medina.
Jacinto Requena es José Peguero.
Felipe Müller es Bruno Montané.
Pancho Rodríguez es Ramón Méndez.
Moctezuma Rodríguez es Cuauhtémoc Méndez.
Angélica Font es Vera Larrosa (Vera ganó el “Premio de Poesía Diana Toscano”; en la novela se dice que Angélica ganó el “Premio de Poesía Laura Damián”).
María Font es Mara Larrosa.
Joaquín Font es Manolo Larrosa (arquitecto, padre de Vera y Mara).
Bárbara Patterson es Jan (amiga de Víctor Zamudio, es de San Diego, California; hija de un importante académico de la UCSD; se casó con Rubén Medina, razón por la que éste emigró a los EEUU y ahora es un Ph.D. y maestro en la Universidad de Wisconsin).
“Piel Divina” es apodo real de Jorge Hernández, actor y performancero. Ahora vive en París.
Laura Jáuregui es Lisa Johnson (fue novia de Bolaño; ahora es prestigiada bióloga, investigadora en la UNAM).
Xóchitl García es Guadalupe Ochoa.
Fabio Ernesto Logiacomo es Jorge Boccanera (poeta argentino que vivió en México, trabajó en la redacción de la revista Plural después de que la dejó Octavio Paz y la tomó Jaime Labastida).
Juis Sebastián Rosado es José Joaquín Blanco.
Amadeo Salvatierra puede ser Rodolfo Zanabria (aunque éste fue pintor y no escritor) y una figura relacionada con el estridentismo.
En la novela: «…uno al que decían el Cojo, un poeta de más de treinta años, un alcohólico…» es Orlando Guillén.
Auxilio Lacouture es Alcira (poeta uruguaya que vivió muchos años en México, se quedó en ciudad universitaria en 1968, encerrada en unos sanitarios, todo el tiempo que los militares tuvieron tomada la Universidad).
Lisandro Morales es Lautaro (argentino dueño de la Editorial Extemporáneos, la que publicó Muchachos desnudos bajo el arcoiris de fuego).
Vargas Prado es José Donoso Pareja, poeta ecuatoriano, fue editor en la Editorial Extemporáneos).
Roberto Rosas es José Rosas Ribeyro (poeta peruano).
Claudia (de la que habla “Norman Bolzman, en Tel-Aviv”) es Claudia Kerlik (amor romántico imposible de Mario Santiago, que viajó a Israel buscándola. Actualmente Kerlik es catedrática de literatura en la UAM).
José “Zopilote” Colina es José de la Colina.
En la novela dice: «…uno de los pinches ahijados de Ernesto Cardenal» es el poeta nicaragüense Julio Valle, que vivió en México.
Pancracio Montesol es Augusto Monterroso.
Pere Ordóñez se basa en Pere Gimferrer.

Publicado en la revista Replicante (México, nº 9, Año III, noviembre 2006 – enero 2007)

     Nota de El Coloquio de los Perros: nuestro redactor José Óscar López apunta que en las páginas 468-469 de Los detectives salvajes (Anagrama, 1998) Arturo Belano se bate en duelo con otro personaje. Cabe la posibilidad de que se trate de Ignacio Echevarría, crítico literario y albacea de Roberto Bolaño

http://www.elcoloquiodelosperros.net/numeroinfra/infguia.htm

“Cómo Convertirse en Artista Posmoderno”

El título aparece en comillas, porque no lo escribí yo, pero hubiera querido. Siempre he considerado, sin ser un versado en arte, que el mote de posmoderno está más cercano a la mierda que al arte. Disculparán todos los artistas plásticos que se pasen por aquí mi descarada y sin-fundamentada aseveración; sin embargo, seamos claros en dos cosas: la primera, ningún artista plástico pasará por aquí, están muy ocupados buscando su próximo “ready made” o preocupándose por la justificación teórica que hará “arte” a su “obra”-“instalación” ocomosellameparaelcasodaigual. Y la segunda: que los artistas plásticos siempre están en el establishment y de esto aquí no hay nada.

Matanza de los simplesLástima que haya tan poco Arte en el “arte contemporáneo”. Las afectaciones no pasarán de esta época, por lo que es necesario elucidar qué sí. Un pintor amigo me decía (dándose la posibilidad de que la paranoia mayaegipcianostradamudesca se cumpliera) que el “arte de salón” sería lo último que arqueólogos del futuro, tomarían como referente para entender la cultura actual (¡dios nos libre!), que antes, se fijarían en Stan Lee o en Frank Miller, en todo caso el cómic. Habrá que preguntarle a él, el porqué de su aseveración.

Bueno, terminando que mis balbuceos. Ahora sí a lo que vine. El artículo lo escribió Carlos Yusti y lo tomé del blog de Gustavo Rico un pintor bogotano. Es posible que esto no lo lean completo, ya que será pura letra e internet necesita interacción que hoy no tengo, ni nunca tendré. Esto es un blog serísimo que no admite pendejadas Guiño.

Cuadro: “La matanza de los simples” Oleo en proceso por Gustavo Rico.

“Me siento avergonzado de muchas obras de arte actual”

E. Gombrich

En el complejo mundo del arte actual (postmoderno y neoliberal para darle una etiqueta para aquellos preocupados por clasificaciones sumarias y síntesis rotundas) el mercado artístico, el cual engrana en su enrevesada relojería a Museos, galerías privadas, bienales, casas de subasta y cualquier empresario japonés con veleidades de mecenas tardío, ha creado eso del “Artista profesional”. Aunque el concepto se fue cocinando mucho antes con la creación de la Historia del Arte, y perpetrado por reputados profesores universitarios(alemanes, ingleses y franceses) adquiere su perfil decimonónico durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

Los grandes artistas clásicos, archivados por la historiografía del Arte, no eran profesionales de arte, en el sentido subrayado el término, y aunque vivían de su arte para sus contratadores y mecenas como príncipes, reyes y prelados eran artesanos, muy dotados, pero en la misma escala de los pajes, sirvientes y cocineros.

Con la modernidad los artistas trataron de no sólo de sobrevivir a través de su trabajo artístico, sino de labrarse una reputación artística tan importante como cualquier otra. Para ello primero trató de romper con los viejos arquetipos de la pintura y la escultura clásica:

Perspectiva y formas que buscaban la perfección y la belleza. Luego cuestionó los parámetros inamovibles de la belleza como herencia griega y por último se asomó a la ventana y miró más allá de su estudio y comprendió que aparte de artista sería un cuestionador consumado de la sociedad con sus falaces dogmas y sus desmarginalizadas normativas. Entonces el artista, también asume la vanguardia como ideario estético y político. Ser vanguardista era ir al ritmo de lo nuevo, de todo aquello que abría fisuras en la dura corteza de las conciencias cortesanas del momento.

Con el transcurrir del tiempo el arte de la modernidad se tornó rutinario y fue empaquetado en los museos de arte moderno. El artista adquirió cierto status de prestigio. Ya no era una tara ni una vergüenza para las familias que alguno de sus miembros se inclinara por la pintura, la música o la literatura. El atentado de los modernistas rindió sus frutos, pero su producto estético se anquilosó muy rápido, se asfixió en una parafernalia de importancia que se volvió indigesta para los artistas posteriores.

keith-arnattEl artista contemporáneo olfateó enseguida que era su oportunidad. Retomó algunas banderas enarboladas por los modernos y perpetró nuevos atentados estéticos, dándole preeminencia al feísmo, la no-obra, el arte efímero etc. Su artillería no es ahora contra los prejuicios estéticos de la sociedad (tanto legos como estudiosos), sino contra el arte en general como icono de triunfo e institución o como lo escribe con gran acierto José Luis Pardo:


“…podría decirse que se llega a ser artista contemporáneo a través de una carrera sembrada de “atentados simbólicos” que, ahora, ya no se dirigen contra el orden establecido de la representación (puesto que cada vez está menos claro que haya un orden de este tipo o en qué consiste) sino precisamente contra el arte como institución, entre cuyos muros medio demolidos vive a su pesar el artista contemporáneo, tomado por lo que precisamente ya no quiere ser, o sea, ornamento de un poder público o recremento de poderes privados. Testimonio de ello son los sucesivos y concurrentes intentos de negación de la voluntad artística —el artista contemporáneo, a diferencia del moderno, no quiere ser artista o autor— o la pretensión de disolver la categoría misma de obra (creando productos visuales que no sean “cuadros” susceptibles de ser conservados en museos, productos sonoros que no sean “canciones” susceptibles de ser repetidas o reproducidas…”

El éxito de los contemporáneos tampoco tuvo los resultados esperados y para que el arte no sea guardado en los Museos de arte contemporáneo viene el Megamercado del arte al rescate. Hoy el arte parece una fiesta costosa de moda y encanto.

Con la postmodernidad, no resuelta ni finiquitada del todo, el “Vale todo” se abre paso a dentelladas y conceptos como “musa”, “inspiración”, “naturaleza” se ahuecan y el arte se convierte en una actividad pensada donde muy pocas cosas se dejan al azar y a la intuición, aunque a primera vista las obras den la sensación de azaroso y fortuito. Y aunque estos nuevos “terroristas”, hay algunos que son verdaderos magnates profesionales, el artista fragua su no-obra ejerciendo otros oficios muy rentables.

Ya no se dedica en intenso a su arte, sino que trabaja como Dios manda y viste como yuppie. Aunque algunos andan en volandas de una bienal a otra, de una beca o otra, su actitud estética ante la vida ha cambiado de manera significativa. Muchos resultan, a la postre, divas insufribles. Otros tratan de justificar sus obras con una verborrea especializada. Otros se valen de las nuevas tecnologías. No obstante muchas obras son sólo propuestas transitorias, obras que no será fácil guardar en museos o en la casa de algún adinerado coleccionista. Obras que no logran sintonizar con la sensibilidad del espectador que las observa con mucho recelo. A pesar de esto, me permito algunas instrucciones para convertirse por los 15 minutos reglamentarios, en un artista postmoderno:

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  1. No es imprescindible que sepa dibujar o pintar. Tampoco son necesario estudios de arte de ningún tipo. Agallas. Sólo agallas y caradurismo.
  2. Lo suyo es el arte objetual, el efímero, la instalación, el video-Art., el body-Art., la no-pintura y cualquier expresión de nuevo cuño que ande en boca de curadores y galerista. Todo esto para que no descubran su ignorancia a la hora de manejar los pinceles o de vérselas con el lienzo en blanco.
  3. Asuma un tema determinado como Rolando Peña (el petróleo), Javier Téllez (la locura y el manicomio), Miguel Von Dangel (los animales disecados).
  4. Incorpore a sus obras computadoras y cualquier cacharro tecnológico. Eso no falla.
  5. Busque un buen patrocinante, alguna galería, gánese una beca o conviértase en chupemedia descarado de las instituciones culturales del Estado para que lo envíen al exterior. Váyase a Japón, Nueva York o Alemania, luego regrese y muestre que aprendió de su turismo artístico. Refrite tod.
  6. Cada vez que lo entrevisten hable como un semiólogo. O sea enrevesado y con una terminología rebuscada.
  7. Todo en materia artística es aprovechable. Disecar animales, pintarse el cuerpo, realizar una danza ritual de los autóctonos de Sudan, colocar árboles en las paredes o carteles de publicidad. No perdone ninguna tendencia y fusile lo más que pueda.
  8. No tenga prurito ni escrúpulo alguno, en apropiarse del trabajo de sus otros colegas tanto del patio local como extranjero. Si está en una dependencia pública, promocioné su obra y deje al margen a los demás artistas.
  9. Tenga en cuenta lo escrito por Félix de Azúa:

“El arte contemporáneo es nuestro arte porque no cree en nada, no espera nada, no aspira a nada, no se propone nada, es nada, quiere ser nada, sólo puede querer ser nada, y se expresa como una nadería que baila graciosamente sobre la nada de un abismo al que contempla con el desprecio de los temerarios (no de los valientes), a semejanza de los adolescentes mudos, bañados de sudor y resignación, que se agitan en enormes recintos con el suelo alfombrado de psicotrópicos. Allí construyen el instante de la entrega, lo único memorable de una semana devorada por la inutilidad. Y también están en el espejo del arte contemporáneo, detenidos en su éxtasis estoico.”

El artista postmoderno (o de estos aciagos días) debe arrancar del espectador expresiones tales como: “Esto lo hace mi hijo de tres años”, “Con MiArte tengo”, “Coño, ahora a toda mierda lo llaman arte”, “Pero a dónde hemos llegado, a cualquier basura la llaman arte y de paso quieren venderla”. Que el espectador carezca de una estructura humanística, mental y cultural apropiada para distinguir una obra de arte de lo que puede ser una falacia, un camelo o una tomadura de pelo, no es culpa del artista.

Además La obra de arte actual parece responder a otros parámetros donde el juego y la parodia se dan la mano. No obstante no responde al azar, o el instinto, aunque los artistas la hagan de locos fellinianos. Tampoco es una entidad para especialistas, sino una propuesta para el transeúnte y para el hombre común que vive el presente como una aventura azarosa.

El arte más que especialistas busca fanáticos, busca adeptos entusiastas. Por supuesto que en este carnaval estético de moda, pompa y circunstancia logran colearse los estafadores y toderos de siempre, pero eso es también un reto para el artista de pelaje verdadero y para el espectador que trata de salir del foso de sus ignorancias y prejuicios.

Más que abrir los ojos el arte actual pide a gritos que el espectador abra su mente y su sensibilidad, no para dejarse conmover, sino más bien para participar del acto creador como un artista más.

Tomado de: http://gustavoriconavarro.blogspot.com.

Manías, supersticiones y rutinas para escribir de algunos escritores.

Cuando se le pregunta a Ignacio Echevarría cómo, dónde y cuándo Roberto Bolaño pergeñaba sus novelas, el albacea literario del escritor chileno responde con una anécdota: Bolaño escribía de noche, con sus auriculares puestos y escuchando canciones de… heavy metal.

Esta afirmación manifiesta que mucOnetti, disfrazado de vaquero, finge leer una traducción de El astillero hos genios de la literatura suman manías para inspirarse frente un papel en blanco, algunas más excéntricas y otras más personales. Nos adentramos así en esa trastienda íntima de un oficio, como es el de la escritura, en muchos casos desconocida por sus lectores fieles.

Ana María Matute
Recordemos, por ejemplo, que la reciente Premio Cervantes de las Letras 2010, Ana María Matute, siempre confiesa que se inventa supersticiones. Una de ellas es no mirar nunca el folio desnudo de letras, crear en soledad, corregir con lápices de colores sus manuscritos y jamás ponerse de “espaldas a una puerta”.

Carmen Martín Gaite
Menos maniática y más formal era la novelista Carmen Martín Gaite, que escribía a mano, aferrada “tercamente, como única tabla de salvación”, a la pluma estilográfica que heredó de su padre, como así aseguró en el discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 1988.

Juan Carlos Onetti
Sin embargo, extravagancias de otros grandes escritores, existir, existieron. Es conocido que en los últimos años de su vida Juan Carlos Onetti decidió vivir postrado en su cama,  en su domicilio de Madrid, leyendo novelas policíacas, fumando y bebiendo güisqui.

“Yo escribo por ataques: a veces me paso meses y meses y no se me ocurre nada, pero siempre sé que volverá”, decía el escritor uruguayo sobre la inspiración. En la foto que ilustra este reportaje, vemos ese momento íntimo de Onetti en su cama, en una instantánea hecha por su viuda Dolly incluida en el libro “Juan Carlos Onetti: ensayo iconográfico” (Centro Editores, 2010).

Aunque la imagen icónica de Onetti también quedó retratada para la posteridad en las escenas de la película “El dirigible”, de Pablo Dotta, donde se mezclaba el argumento fílmico con fragmentos de una entrevista al autor, que nunca quiso conceder

Asa Larsson
Más al norte de Europa, en un pequeño pueblo sueco llamado Uppsala, la escritora Asa Larsson desvela que tiene una gran habilidad para escribir en cualquier sitio, aunque lo haga a menudo a oscuras, de madrugada cuando sus hijos no le molestan: “Creo que contra más rituales y manías tienes, más complicado es escribir. Mi lema es “Sin excusas”. Sólo importa el papel y el bolígrafo”, explicaba.

Son manías que muchos periodistas obviamos a la hora de retratar a los autores o de reseñar sus libros. Por ese motivo, habría que rememorar una intensa frase de Edgar Allan Poe: “Cuán interesante sería un artículo escrito por un autor que quisiera describir, paso a paso, la marcha progresiva de sus obras. Muchos prefieren dejar creer a la gente que escriben gracias a una especie de frenesí o de intuición”.

Pues bien, esas compilaciones existen ya desde hace años en librerías. Títulos como “Escribir es un tic. Los métodos y las manías de los escritores” (Ariel, 2008), de Francesco Piccolo; o “Cuando llegan las musas” (Espasa Calpe, 2009), de Ángel Esteban y Raúl Cremades, retratan esa “marcha progresiva” de la que hablaba Poe.

Juan Ramón Jiménez

Piccolo, por ejemplo, rescata la obsesión de Juan Ramón Jiménez por el silencio absoluto mientras estaba componiendo sus poemas. Al premio Nobel de Literatura 1956 le enturbiaba la agresión del ruido. Cambiaba constantemente de domicilio, incluso forró de corcho su despacho del piso madrileño donde vivía. Pero un simple canto de un grillo era suficiente para irritarle.

Al margen de lo narrado en este libro, sus allegados incluso comentan que Juan Ramón se encerraba a menudo en monasterios de clausura para crear su obra. Necesitaba imperiosamente el silencio, comentan.

Capote y Hemigway

Y qué decir del precoz Truman Capote, que, desde su infancia se iniciaba en la literatura, portando un diccionario y un pequeño lápiz para realizar sus anotaciones creativas. También Ernest Hemingway, quien garabateaba en una cafetería, cerraba al fin su cuaderno cuando le llegaban las musas y postergaba a mañana la escritura para pasear por su adoptivo París. Luego, reescribía hasta 30 veces lo que quería narrar. En su bolsillo llevaba siempre un amuleto, una pata de conejo o una castaña.

Simenon y Cheever
John Cheever relata que su oficio de cuentista se trasladaba a la cocina de su casa, donde escribía en calzoncillos. Y Georges Simenon, creador del comisario Maigret, comenzaba sus novelas leyendo una guía telefónica y ahí escrutaba, leía en voz alta y seleccionaba en una lista los 30 nombres de sus posibles personajes.

Borges, García Márquez y Vargas Llosa
El otro compendio, “Cuando llegan las musas”, además, nos ilustra cómo Gabriel García Márquez novela siempre en su despacho con un flor amarilla a su lado; y el también premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa trabaja rodeado de figuritas con forma de hipopótamo. O cómo Jorge Luis Borges se zambullía en su bañera para que una idea matinal se convirtiera en cuento borgiano.

Manías, supersticiones, rutinas que muchos escritores inventan para parir su literatura.

En: http://noticias.lainformacion.com

SE EDITAN DOS OBRAS DE RUBEM FONSECA: El Cobrador (cuentos) y El Seminarista (su última novela)

Muy liviano, profundamente culto

Rubem Fonseca (1925) es el narrador brasileño más conocido, más premiado y más prolífico de hoy; aparte de las traducciones de su obra a las principales lenguas, ha merecido el aplauso de autores de la talla de Vargas Llosa, Monsivái s, Pynchon. La razón de tal éxito no es difícil de entender: Fonseca escribe libros tan entretenidos que son imposibles de abandonar, mezcla la cultura clásica y la popular con desenvoltura, es divertido, inesperado, tan irreverente que bordea el cinismo, tan violento que sería insoportable si no fuera por los componentes eruditos de sus títulos, en fin, siempre sorprende. No es un logro menor en una carrera que se extiende por 45 años y que presenta, naturalmente, altibajos, pero en la que es manifiesta una personalidad insobornable, inconformista, sin concesiones en la despiadada, cruel, clínica disección de la sociedad en su país.La idea de publicar en forma simultánea dos trabajos de Fonseca, separados por tres décadas, en los géneros en que ha sobresalido -novela y cuento- es excelente, pues permite al lector asistir a la evolución de este prosista o bien comprobar lo opuesto, en la persistencia de las mismas técnicas y la monomanía por episodios truculentos. El seminarista (Tajamar, 2010, 156 páginas, $11.200), su última novela, y El cobrador (Tajamar, 2010, 169 páginas, $11.200), colección de historias que apareció en 1979 y se acaba de reeditar, presentan semejanzas, coincidencias, paralelos inequívocos en el estilo de Fonseca, inconfundible, nervioso, elíptico. Y hay también grandes disparidades, propias del rigor que demanda la crónica breve y de su desarrollo como artífice narrativo, ya que con el correr del tiempo ha tendido a una prosa depurada, seca, carente de adornos.

El cobrador contiene 10 relatos y el que da nombre al volumen nos introduce en un personaje que se repetirá en el resto de la producción de Fonseca: un asesino en serie que se siente con derecho de matar a quien le da la gana, debido a razones que serían plausibles, aunque broten de una mente enferma. Los límites entre normalidad y anormalidad, delincuencia y respetabilidad, son inexistentes. El protagonista no busca el pago de cuentas, ya que piensa que todo el mundo le debe algo: en consecuencia, dispara al dentista que lo atiende o a un potentado, porque “me enferman esos tipos que andan en Mercedes”. El héroe posee características que veremos en todos los actores creados por Fonseca: un apetito sexual insaciable, que lo lleva a relacionarse (habría que decir copular) con una, dos, tres, cuatro, cinco mujeres…

“Mandrake” resulta una intriga policial perfecta. Paulo Mendes, abogado, vive con Berta, quien, aparte de su atractivo, es imbatible en el ajedrez; mientras no ejerce en el foro, Mendes oficia como detective privado y se entiende por igual con el hampa o la policía. Cuando hay varios muertos, se ha bebido sin parar, han desfilado alusiones al cine del pasado, la trama se complica y Fonseca nos ha paseado por Río de Janeiro, el narcotráfico, la corrupción y el caos urbano, surge una repentina pista y el desenlace es digno de Chandler. “Once de Mayo” transcurre en un asilo de ancianos, lugar que se presta especialmente para el pesimismo radical de Fonseca en la paranoia del hablante, quien establece comparaciones irrefutables entre el hogar y un campo de concentración nazi.

El seminarista se lee sin respiro y es una de las ficciones superiores dentro del último período narrativo del escritor, una proeza si se piensa que fue escrita a los 84 años. José es conocido bajo el apodo de Especialista y “el Despachante me dice quién es el cliente, me da las coordenadas y yo hago el trabajo”. Esto consiste en ultimar, mediante pistolas automáticas, a cualquiera que se le mencione. Al llegar a la página 20, han pasado a mejor vida cinco sujetos. Antes de transformarse en sicario, José estudió para sacerdote y gracias a su dominio del latín tenemos citas de Horacio, Séneca, Cicerón; Kirsten, su pareja, traduce del portugués al alemán, lo que nos lleva a Rilke, Pessoa, Blake, sin contar con los pasajes gastronómicos, las referencias musicales, las evocaciones históricas y muchas otras, que otorgan un sabor único a todo lo que escribe Fonseca, asombrosamente liviano, profundamente culto.

El final de El seminarista es demasiado exagerado, porque después de una serie de bárbaros crímenes parece redundante agregar tortura y mutilaciones. Pero un lunar no empaña un texto de calidad y, en conjunto con El cobrador tenemos dos muestras de este notable narrador.

De la Revista de Libros De El Mercurio


Vila-Matas explica a Vila-Matas.

Ya antes había dicho lo del amigo que recomendó la lectura de Vila-Matas. También, del libro de regalo y de la impresión de leer al español. Como la experiencia fue grata y el $tiempo$ no ha dejado que lea más al escritor, buscando por Internet encontré unas cuántas cosas que fueron interesantes y eso es lo que vengo a compartir aquí.

Una novela de Philip Roth describe los inconvenientes de la fama y lo difícil que es ser un escritor de renombre. Causa curiosidad que viendo la página de facebook ENRIQUE VILA-MATAS Leyendo a Vila-Matas, se vean toda case de comentarios a la obra y al escritor, muchos pidiéndole que lea la novela que ellos escribieron, otros contándole que lo han buscado por toda Barcelona para saludarlo y pasarle algunos escritos para que les dé su opinión. Pero como no vamos a hablar de los problemas de la fama, vuelvo a lo que me trae a escribir ahora.

En ese grupo de Facebook, Vila-Matas dijo que iba a escoger unas citas, puestas en el MURO por miembros del grupo,  y que las explicaría. Escogería algunas y diría de dónde vienen y cuál era el sentido y etc. Interesante ejercicio, que mantendrá al escritor cercano a sus lectores. Bueno, les voy a copiar las citas que ha escogido y las explicaciones que ha dado. Son citas de Enrique Vila-Matas explicadas por Enrique Vila-Matas. Aquí vamos.

1. CITA:  “¿Cómo conseguir ser tan infinitamente pequeño que uno desapareciera del todo?” de Doctor Pasavento en la página de Vila-Matas

EXPLICACIÓN:

“Esta frase no habría sido posible sin un apunte de Kafka: “Dos posibilidades: hacerse infinitamente pequeño o serlo. Lo segundo es perfección, o sea, inactividad; lo primero inicio, o sea, acción”. Son unas palabras que encabezan mi libro de relatos Nunca voy al cine (1982). Son de una humildad clarividente. Suponiendo que olvidemos el estado de inmovilidad del muerto y vivamos, hemos de saber que a lo máximo a lo que podemos llegar es a ser infinitamente pequeños. Eso ya sería ser mucho. Puede que el doctor Pasavento aspirara a ser infinitamente pequeño, quizás para después poder desaparecer mejor. En los tiempos actuales, por otra parte, lo infinitamente pequeño se está revelando más interesante que lo grande, o lo importante. Eso sucede, al menos, en el terreno científico. Ya decía Lichtenberg que la tendencia del hombre a fijarse en las minucias ha llevado a grandes cosas”.

2. CITA: “Es el pintor de lo que pasa cuando parece que no pasa nada” de  Dublinesca

Pintura de Hammershøi

EXPLICACIÓN:

“El pintor es Hammershøi, que convierte sus interiores de mansiones en lugares de inquietud hipnótica. Podría estar a punto de suceder algo, pero en ese momento, como en la plaza que Georges Perec examina en Tentativa de agotar un lugar parisino, “no pasa nada”. Nosotros, ¿qué preferimos? ¿Qué todo siga así y no ocurra nada? O por el contrario, queremos que suceda algo. Hemos de saber que si pasa algo, habrá de afectarnos a nosotros. ¿Qué elegimos? Yo elijo que pase la pregunta de largo”.

3. CITA: “Licores fuertes/como metal fundido”, que decía Rimbaud, seguramente su escritor preferido”. de Dublinesca.

EXPLICACIÓN:

“Son versos del Rimbaud de Mala sangre (que ha musicado Patti Smith). Para mí, lo más memorable de esta pieza visionaria está en esta zona: “Heme aquí en la playa armoricana. Ya pueden iluminarse de noche las ciudades. Mi jornada ha concluido; dejo Europa. El aire marino quemará mis pulmones; me tostarán los climas remotos. Nadar, aplastar la hierba, cazar, fumar sobre todo; beber licores fuertes como metal fundido –como hacían esos caros antepasados

en torno de las hogueras”.

4. CITA: “Tomé un día en secreto la decisión de no prepararme para entrar en el mundo, sino para salir de él sin ser notado” de Doctor Pasavento.

EXPLICACIÓN:

“La frase contiene en estado puro el espíritu prudente de Jakob von Gunten, el aprendiz de mayordomo de la novela de Robert Walser. Mientras se prepara en el Instituto Benjamenta para ser el día de mañana un perfecto cero a la izquierda, Jakob va proyectando –gran amante de las “despedidas a la francesa”- su mutis por el foro, su discreta salida de todo escenario. Nada tranquiliza tanto como irse”.

5. CITA: “Era una mujer muy fea y eso precisamente me excitaba muchísimo” de París no se acaba nunca.

EXPLICACIÓN:

“Tenemos del amor una visión muy incompleta y quizás por eso lo mitificamos tanto, olvidándonos de su ángulo ‘feo’, que es el que le da en realidad pleno sentido”.

6. CITA: “Sólo hay poesía en los abandonos.” de El mal de Montano

EXPLICACIÓN:

“Sin duda, un juego de palabras privado acerca de uno de mis poemas preferidos, Poetry of Departures (Poesía de los Abandonos), de Philip Larkin: ‘Oyes alguna vez, de quinta mano, / a modo de epitafio: / Mandó todo al diablo / y se largó sin más…’”

EL POEMA:

‘Oyes alguna vez, de quinta mano, /a modo de epitafio: / mandó todo al diablo / y se largó sin más, / y siempre sonará la voz segura / de que aprobamos este / audaz, purificante, / elemental impulso. // Todos aborrecemos el hogar, / tener que estar en él: / yo detesto mi cuarto, / sus trastos especialmente elegidos, / la bondad de los libros y la cama / y mi vida perfectamente en orden. / De modo que escuchar dejó a todos plantados / me ruboriza y me provoca…’

7. CITA: “Nada nos dice dónde nos encontramos y cada momento es un lugar donde nunca hemos estado” de Dublinesca.

EXPLICACIÓN:

La felicidad extraña de ser conscientes de que estamos perdidos. Y la fascinación de poder entrar a cada momento en algo nuevo.

8. CITA: ”[Benjamin, Walser] Son personajes que no han renunciado a su componente infantil, seguramente porque nunca fueron niños.” Dr. Pasavento

EXPLICACIÓN:

“Aunque a veces la enterramos, la infancia es la era de nuestra genialidad. Las primeras imágenes o recuerdos primeros de nuestras vidas constituyen en realidad un secreto capital férreo del espíritu. Bruno Schulz decía que esas imágenes le señalan al artista los límites de su capacidad creativa; todo el resto de su vida consiste en explorarlas, interpretarlas e intentar dominarlas”.

9. CITA : “Es muy grande Nueva York, pero quizá sí, quizá sea verdad que tienen razón los días laborables”, Dublinesca

EXPLICACIÓN:

Vila-Matas del Facebook

El “tienen razón los días la borales” es un guiño a Lunes, poema de Jaime Gil de Biedma. En esta fase del libro creo recordar que Riba opta por contentarse con Dublín y renunciar a Nueva York, que es donde más le gustaría vivir. El resultado es divertido porque el Dublín de Riba -como el Dublín del Ulises de Joyce- se convierte en un día laborable. Quizás haya ciudades festivas, pero

Dublín tiene el encanto de los lunes.

EL POEMA:

Pero después de todo, no sabemos
si las cosas no son mejor así,
escasas a propósito… Quizá,
quizá tienen razón los días laborables.

Tú y yo en este lugar, en esta zona
de luz apenas, entre la oficina
y la noche que viene, no sabemos.
O quizá, simplemente, estamos fatigados.

Lunes. Gil de Biedma
10. CITA: “La vida es demasiado breve como para vivir el número suficiente de experiencias, es necesario robarlas” de Desde la ciudad nerviosa
EXPLICACIÓN:
“La frase, como se dice en el libro, es de Antonio Tabucchi. La incluí en el texto “Las que viajan leyendo”, una investigación sobre las mujeres que leen en los transportes públicos. Es imposible no conectar esa frase con mi cuento “La modestia”, de “Exploradores del abismo”, relato escrito muchos años después y que tal vez cerró mi saga de historias relacionadas con mi espionaje de lo que se oye en los transportes públicos”.
11. CITA: “Tomé un día en secreto la decisión de no prepararme para entrar en el mundo, sino para salir de él sin ser notado” de Doctor Pasavento.
EXPLICACIÓN:
“La frase contiene en estado puro el espíritu prudente de Jakob von Gunten, el aprendiz de mayordomo de la novela de Robert Walser. Mientras se prepara en el Instituto Benjamenta para ser el día de mañana un perfecto cero a la izquierda, Jakob va proyectando –gran amante de las “despedidas a la francesa”– su mutis por el foro, su discreta salida de todo escenario. Nada tranquiliza tanto como irse.”
12. CITA: “No sabía qué decirle. Me pareció que ya le había dicho demasiado diciéndole que era… yo” de Doctor Pasavento.
EXPLICACIÓN:
“Son unas palabras que me sorprenden y que me encantan porque no reconozco como mías. Si resultará que finalmente son mías, sólo viene a mi auxilio un a hermosa frase escrita por Brecht, es estribillo del primer poema que aparece en el Lesebuch für Städtebewohner: ‘¡Borra las huellas!'”

EL POEMA:

Libro de lectura para los habitantes de la ciudad

I

Sepárate de tus compañeros de tren
Anda a la mañana a la ciudad con tu campera abotonada
Busca un cuarto y cuando tus compañeros llamen
No abras, no, no abras la puerta
Sino
¡Borra las huellas!

Si te encuentras a tus padres en Hamburg u otro lugar
Pásalos, dobla en la esquina, no los reconozcas
Tápate la cara con el sombrero que ellos te regalaron
No muestres, no, no muestres tu cara
Sino
¡Borra las huellas!

¡Cómete esa carne que ahí está! ¡No ahorres!
Anda a cualquier casa, cuando llueve, y siéntate en una silla,
que ahí esté!
¡Pero no te quedes sentado! ¡Y no te olvides tu sombrero!
Yo te digo:
¡Borra las huellas!

Lo que digas, no lo digas dos veces
Encuentra tus pensamientos en otro: desmiéntelos
Quien su firma no ha dado, quien su imagen no ha dejado
Quien no estaba presente, quien no ha dicho nada
¡Como debe ser alcanzado!
¡Borra las huellas!

Cuidado cuando piensas en morir
Que ninguna tumba esté y revele, donde yaces
Con letra clara, que te señala
¡Y el año de tu muerte, que te condena
Otra vez:
¡Borra las huellas!

(Eso es lo que me dijeron)

Bertolt Brecht

13. CITA: “Sólo te queda resistir, no ser como aquellos que, a medida que la intensidad de su imaginación juvenil va decayendo, se acomodan a la realidad y se angustian el …resto de su vida”.  de París no se acaba nunca.

EXPLICACIÓN:

Sé que se puede narrar perfectamente la vida de una persona a través de la tensión contínua que se produce entre ese “acomodarse a la realidad” y ese negarse a hacerlo. En ninguno de los dos casos obramos bien. Acomodarse crea malestar para siempre. Pero lo contrario nos deja a merced de las represalias de la realidad. “¿No le parece terrible la realidad?” le preguntaron a poeta Gabriel Ferrater, el hombre más inteligente de Barcelona cuando yo tenía 20 años. Y Ferrater contestó: “Sí, ¿pero qué me dice de la irrealidad?”

14. CITA: “Vivo como un explorador. Cuanto más avanzo en la búsqueda del centro del laberinto, más me alejo de él. (…) Soy como un explorador que avanza hacia el vacío. Eso …es todo” de Bartleby y compañía.

EXPLICACIÓN:

“Pero ¿Qué es exactamente un explorador que avanza hacia el vacío? Todo menos alguien que recorre las calles heladas con el corazón aturdido por la tristeza”.

15. CITA: “Pero sería peor que a alguien le diera por encender las lámparas de mi existencia”. de Dublinesca.

EXPLICACIÓN:

“Observo que una rendija de luz se alarga en la penumbra, pero no basta la para guiar los pasos de mi existencia. No deseo, en todo caso, que se haga de día o que alguien encienda lámparas. Quiero permanecer así, a oscuras, como en la última página de aquel cuento que Filisberto Hernández tituló “Nadie encendía las lámparas”“.

Eso fue todo. Hay dos que no puse porque me dio flojera. Pero las pueden ver en página de Facebook. Cuando lleguen más, las pondré. Qué post tan jarto de hacer. Larguísimo, para que nadie lo mire. Si viene por acá amigo J.D., espero lo lea completo, cliquéando en todos los links.