Fragmento sobre los suicidas

Pero eso fue antes, Niña Snob, mucho antes de que siquiera fueras un mal pensamiento en una noche de tragos bajo el cielo siempre estrellado de Tucamé. Tucamé, que antes de la llegada de la petrolera, sólo era famoso porque decían que ahí junto a esa panadería que está en esa esquina desde que Dios separara la luz de la oscuridad sin entender muy bien para qué, salía un bus que llevaba a quienes se atrevieran, hasta la falda de la montaña —un poco a la derecha, pasando el morro de la Santa Providencia— donde se levantaba ese otro pueblo pequeño e insignificante, que hacía inmortales a las personas que pudieran llegar hasta allá. Nadie sabía si era cierto. Pero sí veían un bus, cada tiempo indeterminado, estacionarse y a un negro bajar vestido con una camisa blanquísima e invitar a unas dos o tres personas, vestidas también con camisas blanquísimas, a subir para no regresar nunca jamás, como decían le pasó a ese periodista del que no se supo más luego de que fuera en busca del pueblecillo de la eterna juventud.  Tucamé, que después ya no fue pueblo y se convirtió en una ciudad próspera como pasa siempre que el dinero desplaza la tranquilidad sosegada de lo rural y pone en su lugar la premura afanosa de ir tarde a cualquier sitio, o a un sitio donde no se recuerda muy bien para qué hay que llegar o por qué se está ahí. Igual se llega, sólo para que la premura del mundo siga punzando en la espalda, siga arreando sobre los lomos de mula de los trabajadores encorbatados de zapatos lustrosos y mejillas afeitadas con esmero de relojero.

Tucamé, para cuando tú y tus hermanos ya habían nacido, era famoso por tener el número más alto de suicidas potenciales y suicidas consumados de todo el país, con la particularidad poética de que todos se lanzaban de los balcones bien adornados de sus apartamentos perfectos y felices. Se les veía volar como una lluvia de estrellas muertas que renunciaban a la implosión que les era propia para final, y se caían sonrientes por la tranquilidad de haber quebrado al fin el tedio espacial de colgar inalcanzables del aburridísimo, del frío y oscuro cielo nocturno y asfixiante de sus triunfos llenos de billetes y rebosantes de soledad. Edificios fantasmas. Apartamentos fantasmas y televisores siempre encendidos en el canal de noticias las 24 horas de la vida. Camas destendidas y el estruendo melódico de vidrios que se quiebran por la fuerza de un cuerpo esbelto y bien peinado y bien vestido y bien informado.

Mientras tanto, tu mamá se salvaba del salto por hecho fortuito y simple de no tener balcón. Ganas no le faltaban. Fue consciente del mundo en pleno auge de los pájaros millonarios sin alas y era más tristeza que mujer. Condiciones perfectas para ser un suicida potencial próximo a consumarse.

Anuncios

2 comentarios en “Fragmento sobre los suicidas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s