TODOS ÉRAMOS MAMÁ (Fragmento)

Y le escribió…

«Porque nada sirve para nada, corazón. Porque siempre estamos solos y darlo todo nos deja más vacíos. La vacuidad parece ser el talante del mundo.»

»Imagina un mundo donde los esfuerzos no sean signos trazados con los dedos en la oscuridad, donde alguien sí nos escuche cuando gritamos con las manos porque hace mucho estamos mudos. Día a día, los demás se nos llevan las palabras enredadas entre las ansías de volar lejos, muy lejos de nosotros.»

»Había una vez, y otra vez, y otra… una palabra no escuchada, un gesto obviado por los destellos de un más allá hecho promesa. Se nos promete un todo que exige renunciar al todo que habitamos. Nada es tan fácil ni tan difícil como renunciar. De ese modo, es más sencillo anteponer lo que eres a lo que los demás esperan que seas; así no decepcionas a nadie porque ya los habrás decepcionado a todos… Y estarás tan lejos que ya no podrás ver eso a lo que renuncias, eso que te sigue llamando con las manos en medio de una oscuridad que brota de quien clama porque regreses. Será toda su culpa, te dirás, tú no tienes responsabilidad en las promesas que el futuro puso en ti, tú nada debes a quien no entiende que el mundo es de los que vacían primero al otro; había una vez, y otra vez, y otra… unas alas prestadas, un vuelo que no es el tuyo pero supones que sí. Había una vez un tú lleno de ella; un ella a quien no le cupiste en el corazón. No es tu culpa, mi amor. Es culpa de ella que voló sin ti cuando tú le diste las alas.

Yo te presto las mías, Salomé. Aquí estaré para arrancarme una a una las plumas y ponerlas en tu espalda hasta que geminen unas solamente tuyas. Como la grama que necesita de otra grama foránea para que nazca la propia. Porque tú eres mi todo y espero verte los gestos, descifrar cada movimiento de tu mano; verte volar sin que me olvides, sin que te estrelles contra el suelo, sin que me destruyas»

»Había una vez, y otra vez, y otra… una historia no contada, un corazón, una promesa, unas alas… una historia rota, un corazón roto, unas alas prestadas; un yo que no vuela.»

Luego de leer, Manuel rompió la carta.

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