Un perro y Una pistola

La primera vez que pisé Montreal tenía catorce años y no sabía una mierda de nada. Inexplicablemente me hice amigo de un vago que aguardaba afuera de una concurrida plaza del centro; nunca supe su nombre y apenas de él me acuerdo. Junto a él y a su perro me bebí mi primer cerveza, vi por primera vez como lucía la marihuana y otras cosas que ahora no vienen al caso. Entonces un día como hoy recuerdo cuando me dijo que todo lo que un hombre necesitaba era un arma y un perro. Y cuántos años pasaron para que yo por fin pudiera entenderlo.

Álvaro (@perroromantico)

Abusando de las letras de Álvaro, un mexicano radicado en Canadá, les copio esto que vale la pena leer. Si vienes por acá, es un homenaje de identificación.

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