Monstruos y Rarezas: Máximo, el emperador más GRANDE de Roma.

Es de humanos la morbosidad y la atracción por todo lo que nos parece grotesco y extraño. Los noticieros lo saben muy bien, el periodismo en general, conoce los efectos que las lágrimas, las amputaciones y la sangre tienen sobre el público en general. Habrá allí un intento de sentirse afortunado en medio del infortunio de otros. Todos escuchamos, cuando despreciábamos algo, la frase de “hay niños que no tienen. Y que ahora mismo, darían cualquier cosa por un plato de sopa“. Muchos se tomaron la sopa, otros más avezados quizás, respondieron con algo ingenioso y no propio de su edad (no se me ocurrió nada de ese estilo).

En siglos pasados lo entendieron, por lo que fueron famosos los showsides y los circos de “monstruos”. Hay tantas cosas para contar alrededor de eso, que me llevaría mucho tiempo y ganas que ahora no me acompañan. En oposición a lo anterior, no hablaré de Freaks, término acuñado en EEUU para denominar a las personas con algún tipo de “monstruosidad” y que ahora se usa para referirse a lo extraño en cualquier aspecto; sino de un emperador romano, que en los siglos pasados (tal vez en éste también), habría sido el más famosos de los freaks del mundo circense. Como no soy docto en historia romana y menos conozco las vidas sus múltiples césares y emperadores, el siguiente apartado, lo tomo de un libro escrito por un pediatra español Manuel Moros Peña.

“Seres extraordinarios” es el primer libro del médico, del que gracias a mi morbo humano, demasiado humano, verán muchos apartados publicados aquí. Si en algún momento, el Dr. Moros, pasase por esta tierra de nadie y se molestara en términos de derechos de autor, por aquello de la prohibición de reproducir total o parcialmente sin el permiso del autor partes del libro, sepan ustedes que intenté contactarlo para pedirle permiso, pero no lo encontré en facebook y como mis recursos investigativos son limitados, desistí a riesgo de una demanda por derechos de autor. Aunque lo resolvemos fácil Dr. Moros, si se siente usted robado o herido en su trabajo, sírvase dejar un comentario e inmediatamente eliminaré este y todos los post que incluyan su nombre. Si al contrario, entiende usted esto, como publicidad para su libro, sírvase también decirlo.  Siempre intento hacer un preámbulo corto, pero la tendencia a la verborrea no me abandona ni escribiendo. Espero que hayan llegado aquí, porque ahora sí empieza la historia del emperador. Vale la pena leerla al menos para cultura general, no se sabe cuándo se puedan ganar millones simplemente por saber, quién era el emperador más grande de toda Roma.

Max thrax.jpgCaius Julius Verus Maximinus, emperador de Roma entre 235 y 238, medía cerca de 2,60 metros. Nació en Tracia (actual Bulgaria) en el 173, fue pastor hasta el 202, cuando llegaron las legiones del emperador Septimio Severo, y como forma de celebrar el cumpleaños del hijo del emperador, Geta, organizaron unos juegos contra los habitantes locales. El pueblo de Tracia, escogió como su representante a Caius, quien derribó a 16 de los más fuertes legionarios con mínimo esfuerzo.  Severo quedó tan impresionado que lo enroló en su ejército.

Máximo, como se le conocería al gigante, había hecho grandes avances dentro del ejército romano. El emperador lo había hecho parte de su guardia personal al perseguirlo a pie mientras Severo galopaba en su caballo, y derribar a seis legionarios al terminar la carrera. Le regaló un collar de oro y lo requirió para que cuidara personalmente de él.

Como era un soldado fuerte y valiente, además de tener gran capacidad de liderazgo, rápidamente se hizo comandante y gobernador de provincias. Cuando Marco Aurelio Severo Alejandro, hijo de Septimio, se hizo emperador, lo nombró tribuno con cargo de senador y comandante supremo de las legiones romanas, dándole la función de adiestrar a los soldados. Herodiano, diría que el nuevo comandante era grande en estatura y de aspecto terrorífico. El historiador Julio Capitolino,  que el comandante usaba como anillo el brazalete de su esposa Cecilia Paulina,  y que su calzado era 30, 5 centímetros más largo que de los hombres corrientes. Podía arrancar el diente a un caballo de un puñetazo. Solía comer comer 20 kilo de carne y beber 27 litros de vino al día.

Despertaba gran admiración entre sus tropas, era un gran líder que sacaba lo mejor de sus hombres. Demostraba a los hombres que instruía lo que quería que hicieran, y en consecuencia, éstos imitaban sus formas viriles, siendo sus más grandes admiradores. Se ganó la devoción de sus tropas dándoles regalos y recompensas. Lo que llevo a la admiración de la hombría de Máximo y al desprecio del joven emperador, al que consideraban un niño asustado bajo las faldas de su madre.

Julia Mammaea, madre de Alejandro, acompañaba a su hijo a las batallas. Ejercía un papel de dominio, no sólo administrativo y financiero,  sino militar también. Los legionarios aborrecían que la última palabra, en asuntos donde se jugaba la vida,  la tuviera una mujer. Tampoco le perdonaba al emperador haber huido durante una batalla contra los persas.

Las tropas enfadadas solían comparar al afeminado comandante con su gigantesco y bravo comandante, al que seguían con devoción. No fue sorpresa que llegaran a la conclusión, de que el imperio sería más poderoso sin Alejandro y su madre. Planearon asesinarlo durante una asamblea realizada en el tiempo de instrucción y proclamar a su comandante y amigo, nuevo emperador.

Cuando Máximo llegó a realizar los ejercicios reglamentarios, sus soldados le pusieron una capa púrpura. Al principio se rehusó, pero terminó por aceptarlo. Después de despertar el entusiasmo y la esperanza entre las tropas, Máximo les dobló las raciones, les prometió regalos y revocó los castigos. Juntos marcharon hacia el cuartel de Alejandro, al llegar a la entrada el emperador ordenó a sus guardianes detener a Máximo y a sus hombres, pero éstos se hicieron a un lado y permitieron que los soldados asesinaran a Alejando y a su madre.

Máximo El Tracio, como sería conocido, se vio pronto agobiado por la crisis económica que arrasaba el Imperio. No había dinero para mantener la guerra contra los germanos y menos, para cumplir las promesas a los soldados. Para hacer frente, aumentó los impuestos y confiscó tierra a los ricos. Al no ser suficiente, saqueó pueblos, fundió las estatuas de los dioses para acuñar monedas y confiscó las partidas destinadas a los juegos. Los ciudadanos sufrieron mucho al intentar defender las estatuas. Máximo, era un excelente soldado, pero no le gustaba Roma, ni la política, ni la vida en el palacio, pasaba el tiempo dirigiendo sus tropas contra los germanos.

El descontento era general. Un grupo de soldados presionado por los políticos, conspiró para eliminar al gigante. El plan era simple: derribar un puente y dejarlo solo en un extremo, asesinarlo y elevar al cónsul Magnus al trono. Pero Máximo se enteró de la traición y condenó a muerte a los soldados. Otros soldados, arqueros de distintas regiones quienes eran aún fieles a Alejandro, organizaron un nuevo complot. Quería poner la túnica sobre los hombros de Quartinus, una amigo de Máximo. Pero Macedo, líder de los soldados se arrepintió y en un intento de redimirse, mató a  Quartinus. El gigante no apreció la acción y asesinó a Macedo.

Máximo sospechaba de todos, expulsó de sus legiones a los soldados con rango de senadores y en su lugar, puso a soldados profesionales adiestrados por él. El emperador, en un intento de borrar su pasado humilde, empezó a asesinar a todos los que lo habían ayudado, por lo que el pueblo empezó a llamarlo “El cíclope”, “Busiris”, “La bestia salvaje” y expresaban abiertamente sus intereses de verlo muerto.

En 238 mientras Máximo estaba en una campaña en Sirmio con el ejercito, algunos terratenientes de la provincia africana, cansados de los impuestos elevados se rebelaron. Usando la revuelta como excusa, el senado destituyó al emperador y puso en su lugar a Gordiano. Cuando Máximo se enteró, se enfureció y azotó paredes y sirviente, y bebió tanto que quedó dormido. Al despertarse reunió sus tropas y partió hacía Roma, pero llegando a Aquilea sus tropas ya estaban divididas. Un cuerpo de la guardia pretoriana decidió asesinarlo.

Cuando los asesinos entraron en la tienda, Máximo los estaba esperando. Se había enterado de los planes y había mandado lejos a su hijo para protegerlo. Con la espada en la mano y de pie frente a sus asesinos, ninguno osó dar el primer paso, conscientes de su gran fuerza. De un momento a otro, uno de los conspiradores entró a la tienda con el cuerpo del hijo de Máximo atravesado por una lanza. Ante terrible visión, el gigante soltó la espada y cayó de rodillas llorando. Ahí se le abalanzaron y le dieron muerte.

Habrá quizás cosas mal escritas, links que no están y que no estarán, pero pueden poner todos los nombres en google y el gran oráculo les dará la respuesta. Perdonarán mis errores de digitación, me da flojera devolverme a corregirlos.

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2 comentarios en “Monstruos y Rarezas: Máximo, el emperador más GRANDE de Roma.

  1. Bueno, pues gracias por lo de estar “muy bien escrito”. Dile al Dr. Moros que me gustó su libro, que hubo partes en las que me perdí, pero eso se debe a mí gran ignorancia médica. Me alegra que vengan por estos lares. ¿Este comentario es un aval. Me despreocupo de la demanda? Saludos.

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  2. Hola Amigo! soy la novia del susodicho dr. Moros que se ha pasado por esta tierra de nadie. Te ha mandado tambien un comentario con esta dirección para ponerse en contacto contigo. Felicitaciones de los dos por el blog (está muy bien escrito) y para saciar tu morbo humano te invitamos a leer “historia natural del canibalismo”, que es su último libro. Un abrazo!

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