Del oficio: A la espera de mi homenaje

Unos días atrás me reuní con un amigo del colegio donde estudié, toca varios instrumentos y se dedica a la música de manera semiprofesional, si es que es posible decirlo de ese modo. Tiene un grupo en la iglesia a la que asiste y aunque me he autodenominado, desde siempre, antirreligioso, su visión de lo superior es decente y no pelea con mis prejuicios. Hablamos de todo, como buenos amigos, del pasado, que con los años aprendemos a verlo venir siempre igual, pero con diferentes máscaras, del presente y de los rumbos que cada uno ha tomado. En medio de todo, la pregunta por la escritura salió. Extrañamente, las personas que no lo hacen, creen que escribir (cuentos, novelas, poemas) es solamente apiñar letras y tener buena imaginación.

Después de algunas explicaciones y de respuestas recurrentes a preguntas recurrentes sobre algunos escritores, me dijo que, al fin y al cabo, la música y la literatura como artes, funcionaban en la praxis de forma similar. Cuando se escribe música, solo sirven pocas partes, dijo cuando le respondí por cuánto escribía cada vez que lo hacía. A veces falta tiempo, le respondí, tiempo para llenar muchas hojas o muchos pentagramas y poder hacer algo con eso.

Quiere terminar la carrera en administración para poder dedicarse a estudiar música con las holguras que el dinero proporciona. Cada uno juega sus cartas como quiere y como puede, pero pensar en la estabilidad como germen de la creación, trajo el recuerdo del anciano enfermo que años atrás, con bastón en mano, subía las numerosas escaleras que conducían al auditorio donde daría una conferencia. Dentro de todas sus palabras, los agradecimientos a su esposa, fallecida meses atrás, por haberlo sostenido cuando decidió que se iba a morir de hambre escribiendo, son de los recuerdos más gratos que tengo de la U. Los que querían hacer plata para poder escribir con tranquilidad, se quedaron haciendo plata y nunca escribieron, decía el viejo Germán Espinoza unos meses antes de morirse de un nudo en la garganta como él mismo aseveraba.

“Mr. Holland’s Opus” es un película de 1995, en la que Glen Holland (Richard Dreyfuss) se ha quedado estancado en su profesión. Sin ver futuro en su labor de músico de bodas, bar mitzva, cumpleaños y reuniones empresariales, decide hacerse profesor de un High School, impartiendo una asignatura denominada “Apreciación Musical”. Cuatro años necesita para organizar sus finanzas y dedicarse tiempo completo a la escritura de una composición original trabajada por largos años y postergada por urgencias monetarias. Su interés en la docencia es mínimo, además de aparecérsele como un ejercicio frustrante y carente de sentido.

Pero no nos preocupemos, recordemos que es película, y el héroe termina siempre viendo el lado bueno de la adversidad y siéndole todo muy gratificante, además que para el espectador, se vuelve un ejemplo a seguir y un corazón conmovido. Resumo, la esposa se embaraza y decide quedarse más tiempo como profesor, trabajando en el tiempo libre en su sinfonía, el hijo nace sordo (giro dramático para el papá músico), necesita educación especial, pasan generaciones completas, ya el maestro Holland tiene 60 años y el estado decide quitar las artes y la música del presupuesto, el señor Holland es despedido. Antiguos alumnos hacen una despedida, donde se interpreta la sinfonía de Glen, y una señora, la alumna con la que aprendió a ser profesor, ahora gobernadora, discursea que los estudiantes son el opus del señor Holland. Todos lloramos y salen los créditos.

Terminado el resumen ramplón, recordemos que estos filmes tienen otras cosas, pero para el caso me interesaba el mero argumento, sigo con los farfulleos. Sobra la aclaración respecto al anodino ejercicio docente, porque ya la he hecho antes. Muchas personas que conozco son docentes universitarios, de primaria y bachillerato y también, muchos de ellos están interesados en la escritura como medio digno de subsistencia, porque aunque la docencia sea una de las “labores más bellas” lejos está de la dignidad por múltiples razones que no expondré ahora.

Viendo estas películas, hay otras del estilo “Adiós, Mr Chips” y su “remakes” por ejemplo, podría uno imaginar que vale la pena entregar la vida completa a las generaciones de insensatos que tenemos por estudiantes hoy, parar de escribir y dejarlo como parte del homenaje a la tan grandiosa labor docente, en una ceremonia con 4 o 5 generaciones de pequeños cafrecitos, que leerán toda tu obra literaria al mejor estilo de lectura ininterrumpida de centenario o efemérides.

La intención era pensar un poco la pregunta por la renuncia total. Varios escritores de renombre lo afirman, para escribir se tiene que tener tiempo libre y disciplina, pero qué posibilidades reales existen de hacer concomitante el trabajo con el ejercicio creativo propio del ocio al mejor estilo griego. Dejar todo y decidirse a morir de hambre si no se come de las letras, es una decisión que pocos asumen. Trabajar y escribir en los espacios libres, da pocos frutos creativos. El dinero, por poco que sea, siempre se asocia con el confort y el confort sosiega los bríos.

Tendremos que esperar el día de dar el paso en falso, porque cualquiera sea la decisión es un salto al vacío. De escoger la escritura y el hambre, habrá el aliciente de la no-frustración- personal y el sí-fracaso-social. Del otro lado, la cuestión se complica más: la frustación-personal-social y el fracaso-personal-social son entidades latentes y reales, la única salvación estará en ser otro Glen Holland y esperar que esa forma de triunfo del que gozamos los maestros, un triunfo casi que por extensión, nos baste sin la compañía de un bullicioso homenaje al final de nuestras vidas.

Vean la película, la pasan en AXN cada rato.

Anuncios

Un comentario en “Del oficio: A la espera de mi homenaje

  1. Viejo…aquella película la he visto un par de veces, y no quiero terminar así. No voy a exponer mi vida, o hablar de porqué no dejo esto o aquello. Arriesgarse, en mi caso, y suena a excusa, lo sé, es dar un salto a un agujero negro. Excusa, excusa, excusa. Habrá que arriesgarse como Bolaño: trabajar en cuanto trabajo le resultara hasta que se le diera algo, en su caso, el premio herralde de novela. No somos Bolaño, claro, pero podemos intentarlo. Bolaño dejó de escribir tan pronto ganó aquel premio. No necesitaba más, y eso que antes había ganado algunos de poca monta, que hacían llevadero un poco su precaria situación. Con familia, con hijos. Te recomiendo que leas, si quieres, obvio, “La vida de mi padre, cinco ensayos y una meditación”, de Raymond Carver. Historias así hay muchas, pero la de Carver me toca. Yo he pensado muchas veces dejarlo todo por escribir, hasta dejar mi familia, pero eso sería demasiado egoísta. Y sí, tienes razón. Para escribir algo digno hay que dedicarse de lleno a hacerlo. No de a ratos, como nos pasa, o como me pasa a mí. Espero en algún momento tomar la decisión, porque realmente es ese el impedimento, no el morir de hambre o llevar a la familia al extremo. El obstáculo eres tú mismo..

    Un abrazo compa.
    espero nos veamos pronto.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s