Final e Inicio. Preocupaciones culposas de un expulsado del Paraíso.

Tengo una manía, pienso patológicamente en los finales y en los inicios. La sensación supongo será similar a la de Vallejo cuando escribió “una tarde de la que ya tengo el recuerdo” , sólo que con nula genialidad pero similar tristeza. La manía es clara por momentos cortos, el resto del tiempo no sé bien, si lo que me hostiga es el inicio o el final, como el huevo o la gallina o la gallina y el huevo.

Por supuesto, mis meditaciones son superficiales, atañen o nimiedades como quién sería el primero en subir un andén, quién será el último en comerse una zanahoria; qué diría la primera mujer a la que un hombre le dijo que la amaba, o le pidió que tuvieran sexo (pedido, no poseído) o sobre qué hombre se contoneará la última mujer y si sabrán que son los últimos. Si la supiera nada en el mundo cambiaría, quedaría contento sólo con ver la cara de cada uno de ellos.

De muchas de esas cosas he escrito, Freud diría que ahí sublimo mi deseo irrealizable; Lacan, que dada la imposibilidad categórica de realizar cualquier deseo dentro de las leyes de la Física, el medicucho aquél no entendía nada sobre mi inconsciente ni mi estupidez. Me quedo con Freud, que copión y todo, le puso el piso a Lacan.

Soy partidario de la idea Freudiana del arte como sublimación de las imposibilidades, era creer o el asesinato en serie. Cada vez que lo dudo, que relampaguea la imagen del vienés farfullando incoherencias, leo a Kafka y me convenzo, no de la certeza del psicoanálisis sino de la irrealización y su conexión con la creación.

Hablé de mis insulsas reflexiones sobre el inicio y el final, del deseo, Freud y Lacan sólo para dejarles un par de textos del Praguense. Recuerden, que para Kafka la principal paradoja es la de la expulsión-y-la permanencia, la de ser absuelto-y-estar condenado, paradoja que no distingue credo ni religión, poder o sumisión. La culpa, diría un amigo, mueve al mundo, pero para Kafka la culpa deriva de la paradoja, porque nadie es capaz nunca de entender cuándo fue que se quedo fuera-dentro del paraíso, ni cuál es su pecado original. “El tribunal no quiere nada de tí. Te recibe cuando vienes y te despide cuando te vas”. le decía el capellán a Josef K.

PARAÍSO 

La expulsión del Paraíso debe ser, según su significado principal, eterna. En consecuencia, la expulsión del paraíso es final, y la vida en este mundo inapelable, pero la naturaleza eterna del evento (o, para expresarlo en términos de temporalidad, la repetición eterna del evento), hace posible que no sólo podamos estar viviendo continuamente en el Paraíso, sin que tenga la menor importancia el hecho de que sepamos o no que nos encontramos en el Paraíso.

Vivimos en pecado no sólo porque comimos del Árbol del Conocimiento, sino porque aún no hemos comido del Árbol de la vida. El estado en el que nos encontramos es de pecado, más allá de que seamos o no culpables.

Estábamos destinados a vivir en el Paraíso, y el Paraíso estaba hecho para nosotros. Nuestro destino fue alterado, pero no podemos estar seguros de que lo mismo haya ocurrido con el destino del Paraíso.

Y si bien fuimos expulsados del Paraíso, el Paraíso no fue destruido. De algún modo, nuestra expulsión del Paraíso fue un golpe de suerte, porque en caso de que nosotros no hubiéramos sido expulsados se debería haber destruido el Paraíso.  

MENSAJEROS

Se les dio a elegir: podían transformas en reyes o  en mensajeros de reyes. Eran niños, eligieron como niños: todos prefirieron ser mensajeros. En consecuencia, sólo existen mensajeros que corren por el mundo, a los gritos, transmitiéndose unos a otros, puesto que no hay reyes, mensajes insensatos. A estos mensajeros les gustaría terminar con su miserable existencia, pero no se atreven a hacerlo, porque sus juramentos profesionales se lo impiden.

UN EPISODIO SIN CONSECUENCIAS

El hombre es una ciénaga infinita. Pero a veces lo ataca el entusiasmo, y parece como si en un punto indefinido de esa ciénaga una rana se zambullera, produciendo una pequeña turbulencia, y desapareciera.

EL DESTINO

Una jaula salió en busca de su pájaro.  

 

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2 comentarios en “Final e Inicio. Preocupaciones culposas de un expulsado del Paraíso.

  1. Bruno, la patología por el principio y el final fue también propia de Aristóteles y Borges: El primero tuvo que inventar los axiomas para que la argumentación tuviera un inicio; también criticó la teoría platónica de las ideas porque encontró que de ser coherente tendría que existir un mundo infinito de ideas. El segundo exorcizó su patología del inicio y el final con su preocupación por los infinitos caminos que se bifurcan. La misma patología la tenemos todos, lo que parece diferente es la forma de exorcizarla que, en todo caso, siempre parece terminar en una paradoja.

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  2. ¡no me lo puedo creer! Justo lo que estoy analisando ahora sobre Kafka y lo que segnifica el juzgado en su nolvela “el proceso” y en el “castillo”, tenemos mucho en comun entre Kafa, Freud y tu precioso blog.
    Gracias por tu consejo, este fin de semana voy a Fnac a pedir el libro que ma has dicho….ya te contare.

    abrazos fuertes

    PD ; Como judía, sé también que Kafka en sus novelas deja sinonimos de la cábala y del Talmud y de sinagoga.

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