“A los Pisones” Fragmento

Como he de sospechar muchos de ustedes conocen el Arte poética de Horacio, también conocida como Epístola a los Pisones. Se trata a grosso modo de recomendaciones para la escritura, recomendaciones vigentes  a pesar de los 1950 años que han pasado desde que se supones fue escrita. Está en verso (quisiera saber qué tipo de verso) y es un fragmento. Podría pecar de anquilosado y clásico hasta el colmo, pero sólo lo estaba leyendo y me pareció interesante compartirlo. Lo transcribí de ARTE POÉTICA Y OTROS POEMAS, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE OSCAR GERARDO RAMOS. INSTITUTO CARO CUERVO. BOGOTÁ, 1974.

 

ARTE POÉTICA

Emprended un asunto —los que escribís— conforme
con vuestras energías, sopesando qué tanto
vuestros hombros soportan y rechazan. Si el tema
es además muy sólido —tenedlo por seguro—
ni os faltará facundia, ni esplendoroso orden.

Es fuerza y hermosura el orden —o me engaño—
decir ya lo que debe decirse ya, dejando
lo demás para luego y omitiéndolo ahora.

Esto ama, esto desprecia quien aspira a ser poeta.

Hallarás la belleza si eres sutil y cauto
al elegir las palabras, sobre todo si logras
que expresión novedosa restalle del semblante
de vocablos; si acaso se requiere que signos
actuales iluminen lo oculto, bien se puede
extremar la osadía de modo que relumbren
léxicos que no oyeron antiguos Cetegos.
Aquestos neologismos poblarán el idioma,
si hábilmente se toman del manantial helénico.

Ha sido siempre lícito y siempre habrá de serlo
el acuñar palabras signadas por su época.
Al llegar el otoño los bosques van cambiando
sus hojas —una estirpe de palabras sucede
a otra estirpe—  las nuevas florecen y con rito
de juventud se imponen. Nosotros, nuestras obras,
vamos hacia la muerte. Se puede hacer bahías
—regia empresa— robando tierra al mar para abrigo
de las flotas; se puede convertir una estéril,
navegable marisma en campo labrantío
que alimente ciudades vecinas; y se puede
enderezar un río destructor de sembrados.
Hay hechos perecibles, mucho más que las palabras
con su sólida honra y su sonora gracia.

Cada asunto requiere una entonación exacta.
A veces la comedia alza la voz y Cremes
iracundo litigia con perorata túmida.
No le basta al poema ser hermoso, reclama
una interna dulzura y una interna energía
que haga reír si ríe, y haga llorar si llora.
Si deseas mi llanto debes llorar primero.
Entonces tus desgracias me laceran, Peleo
y Télefeo; si en cambio tu expresión no concuerda
con tu sentir, me duermo o me burlo.

Hay mucha diferencia si el que habla es dios o héroe.
Sigue las tradiciones, escritor, o si creas
caracteres, diséñalos iguales a sí mismos.
Pero si te aventuras con un nuevo carácter,
dale una permanente identidad exacta.
Es siempre muy difícil individualizar lo abstracto.

Temas universales serán tu patrimonio
si no rondas el mismo círculo trajinado,
si no te servilizas traduciendo palabra
por palabra, ni te entras por un desfiladero
del que nunca podrías regresar, pues lo impiden
el pudor de tus fuerzas o las leyes del género.

Apura el desenlace, se concreta a la esencia
y olvida todo aquello conocido e insulso.
De tal modo entreteje realismo y fantasía
que entre todas las partes discurre un todo armónico. 
Te inquieta lo que todos reclamamos. Pues óyeme
y mirarás entones a los espectadores
esperar, sin moverse, hasta cuando el flautista
dé la nota que indique la hora del aplauso.

Perfila, pues, los rasgos de cada edad, y el trazo
que transforma a las gentes a través de los años.
Los años, cuando llegan, traen muchas ventajas
pero cuando se alejan también arrastran otras.
No des, por tanto, líneas seniles a un muchacho,
ni viriles a un niño. Procura, pues, que siempre
haya un justo  diseño de edad y circunstancias.

Conviene presentar a los sátiros
burlones  y locuaces, entremezclar lo serio
con lo chistoso, pero sin que un dios o algún héroe,
poco antes revestidos de oro regal y púrpura,
bajen con palabrejas a sombrías tabernas;
o al revés que, tratando de evitar lo plebeyo,
cojan nubes inanes.

Todavía más, me dedicaría a construir mis versos con jerga,
de tal modo que quien también se atreva,
sude y sufra y se frustre.
Así son de honorables las palabras comunes
y es así de importante su secuencia y ensamble.

Tú, el mayor, aunque llevas la guía de un padre,
y aunque el bien ya percibes; no obstante, en tu memoria
retiene  mi precepto: algunas profesiones
toleran medianías. Así un jurisconsulto.
El poeta no puede ser mediocre: ni dioses,
ni público, ni prensa lo toleran. A veces
es agradable cena, una orquesta discorde,
un perfume pesado, una salsa pegajosa,
ofenden. Y sin ellas pudo hacerse e convite.
Ocurre así al poema: su misión placentera,
Si no conquista altura, desciende al precipicio.

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2 comentarios en ““A los Pisones” Fragmento

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