Putitas andeneras, nuevo local OUTLET. (5)

No había tenido tiempo ni de pasarme por acá, pero les dejo la siguiente parte, en la noche el final. Disculparán lo errores de ortografía pero como escribí se fue.

 

….Continúas diciendo, que si tuvieras la oportunidad de  regresar a ése momento cuando te daba la vuelta sobre la desvencijada mesa, te bajaba el pantalón para tomarte sin reparos, sin compasión de tus labios “secos” ni de tu virgen condición habrías sido menos tonta. No has entendido siquiera lo de los marsupiales, ahora sí lo serás menos para ser violada. Los ultrajes siempre son mejores con la idiotez latente, a veces no tan excesivamente como la que te cargas en las esculturales espaldas, con un tantico bastaba, pero sí importantes para convencer. Claro, también necesito convencer, o crees que cuando te lo arrimé con el reggaeton aquel no te estaba diciendo cositas sucias, siseaditas a la oreja, que cómo te me has puesto de bonitica, las tienes duras y redonditas, pareces una vaca lechera, como para ordeñártelas y quitarte ese peso metafísico del pecho; amamántame que soy tu ternero, déjame ponerte la mano por acá o mejor por allá ¿el dedito dónde? Alguien le ha dicho lo linda que se ve. Le decía y se lo digo. Se ve hermosa, sobre todo cuando recuerda y tiene ese marsupial de izquierda en la mirada: todo él con gafas y un cajón inmenso de dónde extrae hojas amarillas y las deja caer desde la ceja izquierda hasta su boca para que tenga algo que decir y no se le quede fosilizado en los ojos el olvido como a un trapecista la ansiedad en-red-hada. Sin embargo, debería alguien decirle a ése marsupial archivista que los recuerdos de verdad no están en cajones, ni se lanzan de ceja-a-boca, que eso es muy romántico para ser la parte poética de un historia como la nuestra, que aquí lo que toca es buscárselos entre las piernas, en los hematomas que quedaron en la parte en la que mi cresta ilíaca golpeó-aría sus aduraznadas nalgas, en los pellizcos que tenga junto a los pezones y en-de cuántas uñas da testimonio tu rellenita panza, pues me gusta marcar cuando violo, aún cuando jamás lo he hecho.

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