“Los Personajes y La Realidad”

Cuando Shakespeare toma héroes de la historia, los transforma en contemporáneos suyos. Única forma de no erigir monigotes que sólo existen en el papel. Al fin y al cabo, lo humano es eterno: el amor, la muerte y el destino. La mejor manera de hacer hablar a un personaje histórico como ser viviente es haciéndolo hablar como ser viviente, es decir, como contemporáneo. Lo humano es anacrónico.

Shakespeare pone sus propias ideas y sentimientos en esos seres del pasado, y así han hecho siempre los más grandes creadores. Ibsen confesaba: “Todo lo he buscado en mí mismo, todo ha salido de mi corazón”. De modo tal que ningún escritor puede crear un personaje más grande que él mismo, y si lo toma de la historia tratará de achatarlo hasta su nivel: el Napoleón de Ludwig no es mucho más alto que su culpable. Al revés: modestos seres llegan a alcanzar la estatura de sus cronistas. Es muy probable que Laura o Beatrice hayan sido imperfectas o triviales mujeres, pero fueron levantadas y eternizadas a la altura de las grandes almas que las cantaron. El novelista, el poeta, hace con sus mujeres lo que en escala humilde hace todo enamorado con su amada.

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